El Pan de Cada Día

Semana del 2 al 8 de diciembre

Ciclo A

 

2ª ADVIENTO:

 

Is 11,1-10

Sal 71,2.7-8.12-13.17

Rm 15,4-9

Mt 3,1-12

 

"Brotará un renuevo del tronco de Jesé"

 

 

1º DIA

"Convertíos, Dios está cerca". Dios siempre está cerca, ¿cómo no lo va estar si el hombre es su "ojito derecho", el amor de sus amores?[1] Los que nos alejamos somos nosotros, por miedo a que nos venga a pedir, por escepticismo de que el Reino sea una mera teoría ante la visión de cómo está el mundo.

Haznos ver, Señor, que necesitamos conversión porque tú no reinas por "arte de magia". Tú te has hipotecado por nuestra libertad, para que cada uno podamos aceptarte o rechazarte[2], como hiciste con el pueblo de Israel: primero lo liberaste y después hiciste alianza con él. Haznos ver que tú nos vienes a dar aquello que tanto anhelamos: la justicia y la paz, pero necesitamos echar por la borda todo ese lastre que llevamos encima: el egoísmo, el endurecimiento del corazón, los miedos a las opiniones de los demás; todo eso tiene que morir en el agua del Jordán, para que así puedas llegar a reinar en nuestros corazones.

Convertirse a Dios es lo más humano que hay porque es lo más divino, ya que el hombre es más  humano cuanto más divino es. Ser santo es ser perfecto, ser una persona acabada, como todo padre quiere para sus hijos. ¿No deseas ser perfecto?  No huyas si Dios se acerca, viene a divinizarte. Si Dios es amor, viene a plenificarte.  Como mejor se define al hombre es por lo que está llamado a ser: Imagen del Dios vivo.

2º DÍA

Ven, Señor, Jesús, a convertirme porque sólo con tu gracia y tu proximidad podré acogerte, tú ya conoces mi debilidad. Tú me has dado la llave para que yo abra mi corazón, pero yo te la echo por debajo de la puerta para que tú lo hagas y entres[3].

Dios mira el corazón, y lo que quiere es un cambio total y radical del mismo. Sólo desde ahí es posible la conversión interior, es decir, un cambio de mentalidad: cambiar los valores del mundo que llevan a las diferencias y al enfrentamiento, por los valores del reino, que llevan a la igualdad y a la comunión.

Yo sólo me puedo convertir si tú me seduces. No me mandes cambiar de vida porque no aguantaré mucho, no me des cargas porque me cansaré, no me impongas cumplimientos porque me romperé por dentro. Cautívame, sedúceme para que salga de mi "yo" y corra a tu encuentro y pueda decirte, como María: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,35).

Que tu Luz ilumine mi camino y que mis pasos sean huellas para otros. El hombre que se convierte a Dios se ha convertido en un sembrador del Reino. Su placer es sembrar, es hacer Reino porque está acompañado de su Amor que le ha transformado la vida.

¿Por qué no ser yo ese profeta que prepare tus caminos? Que te sirva mi vida como instrumento de perdón, de conversión y como puente para todos los que te buscan sinceramente. Y que mis manos sepan esparcir las semillas de una nueva humanidad: semillas de fraternidad, de justicia y de paz.

 

3º DÍA

El pueblo de Israel tenía muchos motivos para creer en las promesas y las maravillas que Dios había hecho con él. Sin ir más lejos, Israel procedía precisamente de la vejez de Abrahán y Sara. Si Dios es capaz de hacer surgir la vida de la nada ¿no la puede hacer surgir de lo viejo, del viejo tronco de Jesé?

De un leño seco que estaba a la vera del camino, el leñador hizo leña, y al fuego envió ¿para qué otra cosa podía servir? No muy lejos de allí otro leño del mismo árbol un sembrador se lo encontró, y se preguntó: ¿podrá tener savia todavía para dar vida?, y con esmero lo cuidó. Preparó la tierra, la regó y la cuidó... Un día, del tronco seco una planta brotó.

No vayas por la vida mirando a los hombres con alma de leñador, quedándote con las apariencias y despreciando la inutilidad. No busques la utilidad inmediata del tronco viejo antes que cuidar y esperar. Camina con alma de sembrador y busca lo positivo de las personas, no es fácil porque requiere trabajo, paciencia y amor.

Gracias, Señor, por tu alma de Sembrador, tú que sigues apostando por la vida, por tu vida y por mi vida. Y porque ves en mí lo que yo no veo

¿Tenemos síntomas de vejez? ¿Tenemos cansancio, desánimo, rutina, indiferencia? Dejemos que el soplo del Espíritu nos vivifique. Cristo es la mejor medicina contra las arrugas; unámonos a él y brotará la vida[4]. Y en la vejez seguiremos dando frutos[5].

 

4º DÍA                                            

El lobo habitará con el cordero... El signo de la presencia del Reino es la convivencia, la tolerancia, la concordia y la fraternidad entre todos los hombres, y que nadie sea una fiera para los demás.

En esta sociedad actual nos hacemos enemigos de los que piensan distinto de nosotros, de los que tienen culturas diferentes, y modos de pensar, ver y actuar diferentes. Nos hacemos la vida imposible haciendo o tratando de hacer a los demás a imagen y semejanza nuestra, y no a la de Dios[6].

El niño meterá su mano en la cueva de la culebra. El hombre cuando no ama se deshumaniza y se convierte en la peor de la fieras; hasta tal punto de llegar a reivindicar por una gran parte de la sociedad, el "derecho" de la madre al aborto, convirtiendo el seno materno en el lugar más peligroso para la vida del niño. Señor, danos ser la voz de los sin voz para hacer audible el grito del que ve la muerte antes de ver la luz de la vida.

 

5º DÍA

Dad el fruto que pide la conversión.... Bien decía Jesús que se nos conocerían por los frutos (cf. Mt 7,16). No es la "partida de Bautismo" lo que nos avala como trigo, sino nuestros frutos.

Venga a nosotros tu Reino, Señor. Bautízame de nuevo con el Espíritu Santo y sumerge en las aguas del Jordán todo mi pasado infértil, toda falta de amor, concordia. Lávame las culpas y hazme ese hombre nuevo que está dispuesto a dar frutos de un Reino basado en el amor, la justicia y la paz. Quiero ser ese grano de trigo enterrado para que pueda dar fruto abundante[7].

Que cuando tú, Señor, pases el bieldo de tu mano, mi vida tenga peso del fruto y no sea como paja llevada por el viento. "La vida se nos da y la merecemos dándola"  (R. Tagore).

Para un mundo nuevo y una tierra nueva vas suscitando, Señor, personas que gastan y desgastan sus energías, su vida y su voz preparando tu camino, urgiendo, estimulando y provocando un cambio de corazón y de mente, imprescindible para dar acogida a tu venida.

Gracias porque toda la vida es un Adviento en el que tú me invitas a preparar tu llegada a los corazones de mis hermanos que te están esperando aunque no sean conscientes de ello. Porque todos estamos llamados a la fraternidad. Queremos, Jesús, ser tus verdaderos hermanos, para que, a través de nuestros rasgos familiares de amor y fraternidad, te puedan reconocer como el Hermano de todos los hombres.

 

6º DÍA

 Que Dios,... os conceda vivir en perfecta armonía. ¿Hay don más apetecible y deseable, Señor, que vivir en armonía unos con otros? Sin embargo cuanto más deseamos la fraternidad, más inútiles nos sentimos para generarla y disfrutarla.

¿Por qué no hay armonía en nuestros hogares? ¿Será porque falta el diálogo?, ¿por qué es más importante la trama de la película, o el partido de fútbol, que las realidades de los que viven conmigo? ¿Qué murallas impiden que en mi misma casa, y entre las mismas paredes vivamos tan distantes, desentendiéndonos unos de otros, porque primero soy yo, después yo, y por último yo? Si esto pasa dentro del hogar, ¿qué vamos a esperar fuera? Empecemos dejándo que Dios nos regale la paz[8], y así podamos transmitirla a los demás. Empecemos por tener armonía en nosotros mismos. La paz se transmite a los demás por contagio, y no por exigencia.

No podremos conseguir la felicidad, si antes no la creo en mi hogar. No puedo pretender ocultar mi falsedad, mi mentira y esa parte de lobo que hay en mí bajo el vestido de oveja. No podremos gozar de la armonía, que es un don de Dios, si yo no sé amar a los míos y a los demás. El Reino es comunión y fraternidad. "Existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre sí" (N.C. 1890). La familia está llamada a ser icono de la Trinidad. El hombre lleva en sí la semilla de Dios Trinidad: comunión. Como decía J.Pablo II: "Familia, ¡Sé lo que eres!"  (FC 17).

 

7º DÍA

A pesar de los estragos en la vida familiar, en la sociedad y en la naturaleza, tú, Señor, nos invitas a la esperanza. Danos vivir el Adviento como tiempo de esperanza porque el tronco seco tiene capacidad de renovación, el hombre es capaz de Dios.

Como decía un autor: Después de tantos desastres, todo quedó destruido. No sobrevivió en la tierra más que un hombre, una mujer y una flor. La flor es la esperanza, delicada, débil, pero llena de vida. Así es la Navidad.

Llévanos por el camino de la esperanza. Danos esos dos pies que necesitamos: la paciencia y el consuelo. Tu paciencia es nuestra salvación, pero nuestra paciencia es muy humana y necesita el consuelo.

Si miramos con los ojos de Dios, veremos que también hay un jardín de flores que apuesta por la esperanza. Es el jardín plantado por muchos testigos: profetas, santos, misioneros, mártires que luchan por la verdad, defensores de los pobres, samaritanos de los marginados. Son flores que están dando semillas del Reino. Son los que nos traen la Navidad, ellos son Navidad porque Dios se encarna en ellos. ¿Quieres ser tú Navidad para este mundo?  No perdamos la oportunidad de dar belleza y aroma en la sociedad escuchando, viviendo y dando la palabra de Dios: semilla de vida eterna.

Nosotros, como Jesús, somos hijos de nuestra Mamá María, la Bella Flor entre todas las flores, que supo engendrar en su seno la semilla de la Palabra. Ella nos enseña a orar y guardar la palabra de Dios en nosotros[9].



[1] Prv 8,31: "Mis delicias están con los hijos de los hombres".

[2] Dt 30.15-16: "Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te prescribo hoy, si amas al Señor, tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás…".

[3] Ap 3,20: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él  y él conmigo"

[4] 2Co 5,17: "El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo".

[5] Sal 92,14-15: "Plantados en la Casa del Señor, dan flores en los atrios del Dios nuestro. Todavía en la vejez producen fruto,  se mantienen frescos y lozanos".

[6] Gn 1,26: "Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra".

[7] Jn 12,24: "En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere,  queda él solo;  pero si muere,  da mucho fruto".

[8] Jn 14,27: "Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo".

[9] Lc 2,19: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón".