El Pan de Cada Día

Semana de Pasión

Ciclo A


SEMANA DE PASION

Domingo Ramos: Is 50,4-7. Sal 21,8-9.17-20.23-24. Flp 2,6-11. Mt 26,14-27,66
Jueves Santo. Ex14. Sal 115, 12-13.15-18. 1ªCo 11,23-26. Jn 13,1-15
Viernes Santo. Is 52,13-53,12; Sal 30,2.6.12-13.15-17.25; Heb 4,14-16;
5,7-9; Jn 18,1-19,42
Sábado Santo. Rm 6,3-11. Mt 28,1-10

"Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?"



DOMINGO DE RAMOS
La muchedumbre aclama a Jesús como el Mesías, pero Jesús quiere mostrar
su verdadera realeza: El Rey del cielo, despojándose de su rango, se
abaja hasta el más humilde de los mortales y camina hasta el trono de la
cruz.
¿Cuántos habría entre la muchedumbre que aclamaban a Jesús, y que poco
después, ante el grito de los demás, por cobardía también gritaron que
lo crucifiquen? Así somos los hombres, aclamamos a un dios a nuestra
imagen y semejanza, que pase por nuestros intereses: la liberación de los
romanos, la liberación de mis problemas, la liberación de mis
enfermedades..., pero cuando no responde a mis expectativas, fuera, ¿para
qué me sirve?
Auméntame la fe y líbrame de mi ceguera para que pueda ver que tú me
has dado el mejor regalo que uno puede recibir: tu propia vida para
liberarnos del pecado y darnos la vida eterna. Tu sueño es nuestra
felicidad eterna.
¡Qué bien se me da aclamar a Dios levantando las palmas en ambientes
religiosos de exaltación y júbilo! Pero ¿cómo actúo en ambientes que
prefieren a Barrabás, antes que a Cristo? ¿Levanto también las palmas
de mis manos para decir una palabra en defensa de mi Rey? Dame el corazón
y la fuerza de María, tu Madre y mi Madre, para acompañarte hasta la
cruz y ver mi nombre tatuado en las palmas de tus manos

LUNES SANTO
Tras la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén con aclamaciones, se va a
empezar un período de entregas. Es el verbo que más vamos a utilizar en
el relato de la Pasión. Dios nos entregó a su Hijo por amor hasta el
final , al que ya estamos llegando. Jesús se entrega voluntariamente,
dando su vida por amor. Judas entrega a Jesús por dinero. El sanedrín
entrega a Jesús porque les pone en evidencia. Pilato entrega a Jesús por
salvar su posición, lavándose las manos. Herodes no quiere problemas y
lo entrega. Total que todos lo entregamos, pero en realidad fue nuestro
pecado.
Hoy, como ayer, Jesús es aclamado, vendido, negado y entregado por
nosotros que le acompañamos con ramos.
Tú, Señor, sigues muriendo en tantas y tantas víctimas de los odios, de
los intereses económicos, de las vanaglorias, de los "trepas" en la
escala social pisando a los demás. Nuestro pecado sigue entregándote y
condenándote a muerte.
¿Qué me dices Jesús, cuando yo también tengo actitudes de anteponer el
dinero, el qué dirán, mi posición y mi comodidad antes que la verdad?
¿No es eso una entrega, como la de Pilato que se lavaba las manos? No
quiero ser el que te entregue, sino el que es entregado para dar
testimonio de tu amor por todos los hombres. Quiero ser ese Cirineo que te
ayude a soportar la cruz de los pecados de los demás. Auméntame la fe
para que sea yo el que me entregue a Ti.

MARTES SANTO
Tu amor hacia mí, Señor, no es algo imprevisto, sino que antes de ser
engendrado ya me tenías elegido . Tú estás orgulloso de mí y vas
tejiendo una historia de amor conmigo, aunque yo inconscientemente
quizás no me dé cuenta. ¿Estoy orgulloso de ser tu seguidor?
¡Qué contraste tan inmenso, mientras tú vas decidido y orgulloso hasta
la muerte por mí, yo, como Pedro y como Judas, estoy fraguando una
traición. De mí, como de Judas, quizás nadie sospecha, pero tú conoces
bien mi corazón, tú sabes que aún estoy muy apegado al dinero, al qué
dirán, a la vanidad; sabes que aún prefiero que tú no cuentes nada con
tal de que mí "yo" no mengüe. Yo, tu elegido, el que tenías
destinado para luz de las gentes, para que tu salvación llegara hasta el
confín de la tierra, que no soy un anónimo, ni uno del montón, a
quién te une una dulce intimidad, voy a venderte por menos precio que
Judas. A ti, que me has comprado y sacado de la esclavitud, no con oro ni
plata, sino con tu cuerpo y sangre; a ti, que no tienes precio, te
vendemos y cambiamos por...
Me gustaría contestarte como Pedro: "yo jamás caeré", pero ya me
conoces, sólo apelo a tu misericordia, y que cada mañana me espabiles el
oído para recibir la fuerza suficiente para no echarme atrás. ¿Cuántas
veces ocultamos nuestra fe y nuestra condición de cristianos ante los
ataques de una sociedad pagana?

MIÉRCOLES SANTO
A nuestra pregunta al Señor de dónde quieres que preparemos la Pascua,
él nos insinúa que en nuestro corazón y en el de nuestros hermanos.
Él quiere imitadores más que adoradores y admiradores. Es él quien nos
invita, lo pone todo. El nos despierta cada mañana como discípulos suyos
para que demos una palabra de aliento, para seguirle por sus caminos dando
las mayores pruebas de amor.
Tú siempre llevas la iniciativa , hasta para dar la vida voluntariamente.
Sin embargo nosotros, nos consolamos con no hacer mal a nadie: "No robo,
ni mato", ¡Qué triste consuelo! Tú nos has llamado a ser instrumentos
de salvación, servidores de la vida, ¿estoy vivo? Si yo, que te conozco
y soy de tus discípulos, no te defiendo, ¿quién te defenderá? Tú
sabes cuándo te defiendo o cuándo te condeno. Quizás, aún no me tomo
tan en serio el seguimiento, como tú das la vida por mí. Tu vida en
tantos hermanos es algo muy serio.
Quizás no sea consciente del poder que me das, Señor, al poner tu vida
en mis manos, el mismo poder que tenía Pilato y Judas. Tú confiadamente
te has puesto en mis manos y me has dado el poder de amarte y serte fiel
como María, hasta el final. Más vale no haber nacido que no responder a
tus gritos de "Sálvame por tu amor". Sin embargo, te doy gracias por
aún estar a tiempo. ¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?

JUEVES SANTO
En la última Cena el Maestro, no sólo quería enseñarles a los suyos,
sino que sentía la necesidad de quererlos y servirlos, y se puso a
lavarles los pies. Cuando nosotros estamos preocupados por ocupar los
primeros puestos o ser bien considerados por los demás, El, está
entregándose. ¡Qué inconsciencia!
El amor busca la cercanía con el ser amado, y el amor de Dios busca la
forma de perpetuar su presencia con la institución de la Eucaristía. De
esta forma se queda con nosotros para siempre.
No sólo te entregas, Señor, sino que también quieres perpetuar esa
entrega. Te has Pan para alimento nuestro, que nos hace capaces de crear
comunión entre nosotros. Tú eres el Pan de mi vida, el único que sacia
mi hambre, el único que me promete una vida que nunca acabará. ¿Cómo
afanarme más por la comida de cada día que por esa comida que tú nos
das y que permanece para la Vida Eterna?
Al hacerse comida y bebida para nosotros, el Maestro, no sólo quería
saciar nuestra hambre y sed, sino que quería lograr la común-unión, la
asimilación e identificación perfecta, como se da entre la persona y el
alimento. Todos los que comulgan el pan y el vino deben comulgar entre sí
para formar un sólo cuerpo con Cristo, y con él participar de la
comunión Trinitaria , el goce de la unión con Dios.

VIERNES SANTO
Verte en la cruz trastorna todos mis planes, proyectos y gustos. Sólo
deseo estar a tu lado y contemplarte en silencio.
En esta tarde, Cristo del Calvario vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con
vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuya están llenas de
heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón.
Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta,
aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta.

SÁBADO SANTO
Tú, María, estás junto a mi lecho, pues estoy como en un estado de coma
profundo. La causa es mi ignorancia y mi inconsciencia, tiré la medicina
y maté al médico, preferí las tinieblas a la luz y en mi vida ahora es
de noche. Ahora ya no esperas como hace veinte siglos junto a la tumba de
tu Hijo su resurrección. Ahora velas junto a mi lecho, esperando que el
grito poderoso y vivificante de tu Hijo rompa mi sordera y me saque de mi
estado de coma.
Tú que aceptas por hijos tuyos en tu hogar a los propios verdugos y
asesinos de tu Hijo, tú, que al quedarte sin tu Hijo amado, adoptas por
hijo a su propio secuestrador, contágiame tu entrañable amor de madre
por cada hermano. No dejes que con mis pecados me haga cómplice de mi
propia muerte y la de tus hijos. Regálame, Madre, escuchar junto a ti la
voz de tu Hijo amado que me dice ahora: "No temáis, id a decir a mis
hermanos que vayan a Galilea, allí me verán".
Porque el Resucitado es Cristo en camino, en misión; es el Buen Pastor en
busca de la oveja perdida. No me ha sacado de la tumba para dejarme en mi
"instalación", sino para anunciar su nombre a mis hermanos. Fiándose de
mí, me ha dado la responsabilidad de anunciar a todos los hermanos donde
se pueden encontrar con Él . Cada cristiano está llamado a ser "punto de
encuentro" con Cristo Resucitado.