Ciclo A
5ª CUARESMA
Ez 37,12-14
Sal 129,1-4.6-7
Rm 8,8-11
Jn 11,1-45
"Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá"
1º DÍA
¿Qué es lo que más apreciamos? Todos decimos: la vida. Nadie duda que
el mayor bien que posee el hombre es la vida. Es también el mayor deseo
que Dios tiene, él da su Vida para que tengamos vida .
Estamos hechos para la vida a imagen de Dios que es Vida. La vida no está
en las grandes cosas que realicemos ni en el bienestar que disfrutemos,
sino en la relación que tengamos con los demás a través de lazos de
amor que llevan a la comunión
La vida la vivimos en el cotidiano transcurrir de nuestras relaciones con
las personas, principalmente con las que convivimos. Cada momento es una
oportunidad que tenemos y que no podemos desperdiciar, porque no se vuelve
a repetir. ¡Qué pena haberlos perdido!
La vida no son los proyectos de futuro, sino la misma realidad del
presente, que una vez pasada, no la podemos recuperar. El Señor nos pide
que estemos atentos para reconocer el paso de la Vida por nuestras vidas,
y para ello no debemos mirarnos tanto a nosotros mismos como a los que
están a nuestro lado.
Descubrir a Dios es encontrar el sentido de la vida. El prudente no lo
deja escapar porque se juega la vida en ello .
2º DÍA
En el camino cuaresmal de nuestra vida no son pocas las dificultades que
encontramos para llegar a la Pascua, pero Jesús siempre está con
nosotros. El nos enseña a vencer las tentaciones con la palabra de Dios.
Con la Transfiguración nos anima a seguir adelante, no quedándonos en
la comodidad del oasis. Ante una vida agobiada por los deseos y las
pasiones, sedienta de felicidad, él nos dice: "Yo soy"... el agua
viva. Ante la desorientación y falta de visión para reconocer nuestra
propia identidad y la de los demás, él nos dice: "Yo soy"... la
Luz, "Yo soy el camino". Y ante nuestro mayor miedo y angustia por la
perspectiva de la muerte, él nos sale al encuentro y nos dice: "Yo soy
la vida". "Yo soy" (Yahvéh). Es el Dios peregrino que acompaña al
hombre.
¿Qué sería de nuestra vida si no fuéramos acompañados por ti, Señor.
Tú nos enseñas a vivir la vida, nos enseñas a darle contenido y
sentido. El amor es la esencia vital de nuestra existencia. Gracias por
injertarnos en ti, como el sarmiento en la vid, para que podamos dar
frutos de vida, de vida eterna .
La vida sin amor es como un cadáver. Un hogar sin amor es un purgatorio;
un matrimonio sin amor , un infierno; un pueblo sin amor, un campo de
batalla... Sin amor, el corazón se desintegra y la persona se degenera,
los pueblos se vuelven salvajes, peor que fieras. El amor crea comunión,
y refleja el rostro de la Trinidad.
3º DÍA
La fuerza del amor de Dios que todo lo crea de la nada, nos puede recrear
de nuestro polvo. Hay muchas formas de morir, muchas formas de estar
sepultados, como los israelitas cuando estaban en el destierro. "Estaban
hechos polvo", sin vitalidad. Cada uno puede ver cuál es el sepulcro
del que no puede salir por sí mismo.
La losa mayor que tenemos es la del egoísmo. Nos incapacita para amar y
por tanto para vivir. El egoista se encierra en sí mismo y necesita oír
la voz de Jesús que le diga: "Lázaro, sal fuera".
Sal fuera del sepulcro de la rutina, de tus comodidades, de tus esquemas
religiosos, de la tibieza , del "no puedo", porque tu esperanza está
muerta. Estás perdiendo la fe, ¿por qué no te acercas a la consulta de
la Palabra de Dios?
Sal del sepulcro de la tristeza que produce el sufrimiento sin sentido,
que hace que te vistas de luto. No conviertas tu hogar y tus ambientes en
un tanatorio. Cristo te reclama y te dice: Escucha mi palabra y cúmplela
.
De estos y otros sepulcros, como la miseria, la ignorancia, las
injusticias, Dios nos quiere sacar con su fuerza vivificadora, y nos dice:
"Quitad la losa". Una vez más Dios quiere nuestro esfuerzo para poder
hacer el milagro. Jesús te necesita para quitar las losas de muchos
Lázaros.
4º DÍA
Jesús lloró....¡Cómo lo quería! ¡Qué humanas son las lágrimas!
Jesús redime nuestras lágrimas y llora también con nosotros la muerte
de nuestros seres queridos. A pesar de saber Jesús que Dios es superior
a la muerte, no cae en la tentación de presentárnosla como un dulce; no
deja de ser un dolor que conmueve al que le toca de cerca, "Un golpe de
ataúd en tierra es algo perfectamente serio" (A. Machado).
Jesús llora por la muerte y, mirando a Jerusalén, llora por la de su
pueblo . Jesús se compadece (padecer con) de nuestras flaquezas y
nuestros sufrimientos . ¡Cuánto tiene que llorar Dios! ¡Qué suerte la
de Lázaro y qué suerte la nuestra por hacernos merecedores de las
lágrimas de Dios! El que ama sufre por el amado. Dios está con
nosotros. Ya no hay dolor insoportable porque Dios lo comparte con
nosotros.
Cuando te veo en la cruz por todos nosotros, me da vergüenza pedirte
nada, ¿cómo voy a pedirte consuelo por mis pequeñas dolencias?. Mis
ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados // cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, // cuando las tuyas están llenas de
heridas?
No quisiera pedirte nada, sino poder darte consuelo. ¿Cómo podré
enjugar tus lágrimas?
Cada uno de nosotros conocemos a seres queridos que están como "muertos
en vida", ¿No querrá el Señor que quitemos la losa para que él lo
pueda resucitar?
5º DÍA
La vida es el valor más importante que tenemos y a la vez es el mayor de
nuestros problemas. Por ella somos capaces de dar todo. ¡Qué angustia
pensar en perderla! Pero hay algo peor que la muerte física que es a lo
que hay que temer y es la muerte de la vida eterna.
Gracias, Señor, porque tú eres la Resurrección y la Vida. Vienes a
levantar la losa de nuestro egoísmo que nos incapacita para amar a los
demás, de nuestra falta de fe y esperanza, que nos deja sumidos en el
vacío y el desconsuelo. Antes de devolver la vida a Lázaro, resucitaste
a Marta y a su hermana María devolviéndoles la fe y la esperanza.
El Señor también nos interpela a nosotros, como a Marta, diciéndonos:
Yo soy la resurrección y la vida... ¿crees en mí? Es una pregunta que
no es lanzada a la mente, sino al corazón.
Que tu Espíritu, que habita en nosotros, nos saque del sepulcro de la
increencia, de la tibieza de nuestro seguimiento a ti, de la rutina de los
cumplimientos. Y auméntanos la fe para que podamos ofrecerte nuestras
vidas, y en unión contigo, crear comunión con todos los hombres y
enjugar tus lágrimas divinas producidas por los sufrimientos humanos.
Lloraste ante la tumba de tu amigo Lázaro, ¡Cuánto tienes que llorar
por tantos amigos que tienes! ¿Cómo te podría yo consolar?
6º DÍA
No hay duda de que hoy estamos viviendo en una cultura de muerte. A pesar
de la declaración de los derechos humanos, de los avances científicos
para mejorar la calidad de vida, la abolición de la pena de muerte en
muchos países, los movimientos solidarios de ayuda a países
subdesarrollados, etc., no nos faltan guerras cruentas, genocidios
étnicos, terrorismo, atentados contra la vida humana y su dignidad en
todas sus formas, todas igualmente crueles. Al ser humano se le niega el
derecho a la vida. El seno de la madre, en muchos casos, ya no es el lugar
donde se protege la vida. Hay muchas losas que retirar para que la vida
resurja con toda su fuerza.
"Si aceptas sin cólera ni remordimiento que 15 millones de hombres
aquejados de lepra carezcan de ayuda y amor, entonces tú eres el
verdadero leproso" (R. Follereau).
Si no nos duele la muerte injusta de millones de hermanos nuestros al año
es que estamos en el sepulcro. Necesitamos que nos levanten la losa.
La peor losa de nuestros sepulcros es aquella que pone: "Aquí yace mi
yo". El individualismo y el egoísmo que nos ciega y no nos deja ver al
otro porque estoy muerto .
7º DÍA
Durante este camino cuaresmal hemos visto como el hombre es salvado de las
tentaciones, de los miedos, de las insatisfacciones humanas, de la
ceguera. Ahora estamos en la última etapa ante la muerte de la que
también puede y quiere salvarnos.
La resurrección de Lázaro solamente es un milagro que prolongó su vida
en este mundo un tiempo más. No fue para esto para lo que vino Jesús,
sino para darnos la Vida con mayúscula, y abundante . Y para perpetuar su
presencia entre nosotros "inventó" la Eucaristía, y nos dice: "El
que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene (presente) vida eterna y yo lo
resucitaré (futuro) el último día" (Jn 6,54). Por lo que la vida
eterna es algo que hoy podemos vivir ya. Aunque Cristo nos resucitará en
el "último día", en cierto modo, nosotros ya hemos resucitado con
Cristo. Por el Bautismo participamos de su muerte y su resurrección. Esta
es nuestra alegría.
Regálanos, Madre, descubrir el tesoro que llevamos dentro. Ayúdanos a
propagar la vida con nuestra presencia, como tú lo hacías. La dicha nos
viene de poner en práctica todo cuanto el Señor nos dice en la oración
. Ayúdanos, Madre, a balbucear el "sí" a la Vida y al Amor.
El "Sí" es la palabra más breve y a la vez de mayor alcance. Es la
más personal y la de mayores consecuencias. El "Sí a Dios es un "sí" a
la vida.