1º ADVIENTO.
Is 63, 16b-17.19b; 64, 2b-7.
Sal 79, 2-19.
1 Co 1, 3-9.
Mc 13,33-37.
"Tú eres nuestro Padre, nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero: somos
todos obra de tus manos"
1º DÍA
Adviento es el momento privilegiado para escuchar el anuncio de
liberación, hacia un porvenir de paz que contrasta con lo que nuestros
sentidos palpan. Hoy parece que vivimos en un aparente ocultamiento de
Dios. Miramos los estragos que hay en la sociedad por la falta de Dios en
la vida de las personas, y nos sale la pregunta "¿Dónde estás mi
Dios?".
¡Ojalá rasgases los cielos y derritieses nuestros corazones entumecidos!
No nos ocultes tu rostro. Sin embargo, a pesar de todo, Señor, sabemos
que tú estás ahí, y lo más importante, que tú eres nuestro Padre, que
aunque débiles, estamos en tus manos.
Es una gran alegría saber, que a pesar de las apariencias, a ti no se te
ha escapado el mundo. Esa es nuestra gran esperanza, saber que tú vienes
a liberarnos. Haznos estar en una actitud atenta y vigilante, bien
abiertos los ojos de la fe para reconocerte cuando llegues. ¡Cuántas
veces pasas delante de nosotros y no nos damos cuenta! ¡Cuántos momentos
queremos verte en grandes manifestaciones y tu presencia es como un
susurro inadvertido!
Tú ya nos has dado toda clase de dones para que nuestra esperanza no sea
de estar mirando al cielo , sino de hacernos partícipes de la llegada de
tu reino con nuestra vida y nuestra palabra en nuestras familias y
nuestros ambientes.
2º DÍA
La intensidad de la vigilancia es proporcional a la motivación de la
esperanza, ya que sin un fuerte deseo no hay esperanza.
A través de la historia de la salvación tú, Señor, siempre has
sobrepasado cualquier expectativa. Ni la mente humana jamás ha llegado a
soñar el contenido de tus promesas . Por eso, Señor, quiero no perder
ninguna de tus palabras que son como gotas de bálsamo que curan las
heridas de mis dudas, de mi desesperanza, de mis resistencias y de mi
rutina. Dame oídos de discípulo porque tus palabras son mis delicias
(cf. Sal 119,16).
El profeta Isaías clamaba porque se rasgase el cielo, y el cielo se
rasgó para bajar Dios y encarnarse, y el seno de María se abrió en
Belén, y el velo del templo se rasgó cuando Jesús expiró, pero
¿quién estaba en actitud vigilante para reconocer el rostro de Dios?
María, los pastores, el centurión y todas esas personas sencillas. El
cielo se rasgó para dejar caer esa lluvia de gracia y amor que inunda
nuestros corazones .
Danos esa actitud de apertura, de vigilante espera en este Adviento para
no dejarnos pasar tus constantes manifestaciones y llamadas, y poder
gustar y vivir la sencillez, valorar las cosas sencillas y dejarnos
superar. Sorpréndenos y dejaremos que sobrepases nuestra capacidad de
entendimiento, y como María poderte decir: "Hágase en mí según tu
palabra" (Lc 1,38).
3º Día
Así como el amor de una madre sabe leer en los pequeños detalles la
situación anímica de sus hijos, así también nosotros debemos saber
leer en lo sencillo y lo cotidiano para reconocer la presencia de Dios.
¡Cuánto tiempo no vivido por esperar grandes acontecimientos en nuestra
vida! Esperamos a disponer de una buena situación económica o social,
esperamos las vacaciones de verano, esperamos las grandes opciones de
nuestra vida para "vivir", y el tiempo se nos pasa en deseos, como
decía Le Bruyere: "La vida es corta y aburrida porque la gastamos en
desear".
Tú, Señor, vienes al mundo envuelto en pañales de sencillez. Sencillos
fueron tus padres, tu cuna, tu trabajo, etc. Claro que tuviste tentaciones
de grandeza, pero no caíste en ellas .
Queremos vivir el Adviento en la sencillez, viviendo todos los momentos
con una apertura total a cualquier manifestación de Dios, sabiendo que
él prefiere lo sencillo, lo ordinario , porque los pensamientos de Dios
no son como los nuestros que se fijan en las apariencias (cf. 2Co 10,7).
Queremos sentir esa suave brisa, como un susurro que es símbolo de la
intimidad. Esa intimidad que tú quieres tener con cada uno de nosotros
hablando a nuestro corazón. Que sepamos tener esa oración sencilla en la
que tú quieres susurrar a nuestro corazón lo que somos para ti, que el
que espera en ti nunca quedará defraudado (cf. Sal 84,11-13).
4º DÍA
Vamos a vivir el Adviento con una renovada esperanza e ilusión, no
cayendo en el mayor enemigo, que es la rutina. Si Dios olvida el pasado
¿por qué no olvidar nuestros Advientos rutinarios? Dios nos renueva el
corazón para poder iniciar una vida nueva .
Queremos, Señor, vivir este Adviento como la mejor medicina para la
rutina, la tristeza, el desánimo, el cansancio, la vejez de espíritu.
Porque tu venida nos renueva, nos trae alegría, nos vitaliza y
rejuvenece.
No nos dejes caer en el conformismo porque la satisfacción por el
presente es un "parón" en la vida, como cuando los israelitas se
pararon en el desierto (cf. Ex 32,4-6), que nos lleva a adorar al becerro
de oro. El conformismo nos detiene la vida y mata la esperanza. Haznos
vivir intensamente el presente, pero con la vista puesta en ti, que no
volvamos la vista atrás con aires de añoranza que nos convierten en
estatuas de sal .
"Esperar no es un lujo. Esperar no es soñar, sino el modo de
transformar un sueño en realidad. ¡Felices los que tienen la audacia de
soñar y están dispuestos a pagar el precio necesario para que su sueño
tome cuerpo en la historia de los hombres!" (Cardenal Suenens).
Queremos, Padre, no defraudar los sueños que tienes puestos en cada uno
de nosotros, tus hijos, por los que das la vida para que sea realidad tu
sueño tan hermoso: la comunión contigo y entre nosotros .
5º DÍA
Es propio de la dignidad del hombre ser el protagonista de su propia
liberación, por eso Dios nos ha colmado de las gracias necesarias para el
desarrollo de nuestra identidad y ser los propios artífices de la imagen
de Dios, que en potencia ya tenemos. Dios no es paternalista, por eso nos
da la libertad y la potencia. Su amor de Padre le lleva a poner en
nuestras manos lo que más quiere: su Hijo amado.
¡Ven Señor! Necesitamos verte, contemplar tu rostro, bañarnos en tu luz
maravillosa, dialogar palabras de amor. Te busco como el Amor de mi alma .
Queremos descubrir tus entrañas amorosas y penetrar en tu corazón.
Encontrarte es la razón de nuestra vida, porque es unirnos en comunión
transformadora de nuestras vidas.
¡Ven, Señor! Queremos participar de tu vida y de tu misión. Ayúdanos a
sacar tanta riqueza que Dios, nuestro Padre, nos ha dado y que tenemos
inutilizada en nuestros corazones. ¡Cuánta palabra de Dios y cuánto
conocimiento de ti tenemos! Ya es hora de que todos esos talentos los
pongamos a rendir.
No queremos ser sólo receptores de tu amor y de tu palabra, sino hijos
responsables y transmisores de tu amor a todos los hombres.
Ser cristiano es dar una esperanza al mundo, mostrando que el amor es más
fuerte que el odio "El amor es la única fuerza capaz de transformar un
enemigo en amigo" (M.L. King).
6º DÍA
Dos hombres caminaban hacia su pueblo, Emaús; estaban tristes porque se
sentían frustrados. "Nosotros esperábamos que él (Jesús el Nazareno)
fuera el libertador de Israel" (cf. Lc 24,17-21).
Nosotros muchas veces caminamos tristes porque "esperábamos" que la
esclavitud del mundo iba a ser liberada por unas leyes justas; el hambre,
el terrorismo, la droga, la prostitución, etc., se iban erradicar con...;
nos sentimos frustrados con algunas noticias de los medios de
comunicación sobre nuestra Iglesia. Como dijo Pablo VI a la hora de su
muerte: "Cierro los ojos a esta tierra dolorosa, dramática y
magnífica, invocando una vez más sobre ella la divina bondad".
Tú, Jesús, al igual que a los de Emaús, nos recuerdas que la esperanza
no tiene consistencia si no está fundamentada en la Palabra de Dios y en
el misterio de la Cruz y Resurrección . Tu palabra alentadora nos
conforta y ahuyenta las tristezas, disponiéndonos el corazón a no
dejarte marchar. Que no nos falte el pan de la esperanza que tú nos
ofreces con tu presencia en la Eucaristía (cf. Lc 24,28-32). Te damos
gracias por los ánimos que nos das con tus palabras de que el mundo no
tiene la última palabra .
Ten fe en el hombre y lucha.
Cree en el Hijo del hombre y ama.
Cree en el Hijo de Dios y reza.
Firmado: La que siempre lucha,
la que siempre ama,
la que siempre reza y espera:
La Esperanza. (Cáritas).
7º DÍA
A ser madre se aprende esperando, porque ser madre no se improvisa, se
fragua en la espera, mientras la mente toma conciencia de lo que es una
nueva vida salida de sí, y el corazón empieza a amar la pequeñez más
que la grandeza, la imperfección más que la perfección.
La fe de María, nuestra Madre, pasó por muchas pruebas, por la
desconfianza y por las dudas de los más cercanos e íntimos , e incluso
pasó por los peligros de perder la vida de Dios que llevaba en su seno .
Tú, María, fuiste la auténtica virgen abierta a los planes de Dios, en
perenne vigilancia y en plena intimidad con él. En tu corazón sólo
estaba Dios. Gracias porque por Ti fue posible el Adviento, del cual
estamos ahora nosotros gozando. Nada te propusiste, nada hiciste, nada
sopesaste, nada calculaste; sólo tenías, y eso es lo que queremos
aprender de Ti, un corazón con total disponibilidad a los planes de Dios.
Sin embargo, muchas veces, nosotros no estamos abiertos a los planes de
Dios por nuestros cálculos, por sopesar aquello que nos insinúan o
proponen; en una palabra, por no fiarnos totalmente de Dios. Esto nos hace
alejarnos con la tristeza en el corazón.
Auméntanos la fe, Señor, para que nos confiemos totalmente a Ti, y
podamos decirte, como nuestra Madre, que se haga en nosotros según tu
voluntad, poniendo nuestras vidas en tus manos como la arcilla en manos
del alfarero.