LA EPIFANÍA DEL SEÑOR:
Is 60,1-6.
Sal 71,2.7-8.10-13.
Ef 3,2-3ª.5-6.
Mt 2,1-12.
"Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo"
1º DÍA
Acabas de nacer, Hijo amado de Dios, cuando empieza a planearse
fríamente tu muerte. Los celos, la ambición, las ansias de dominio, el
vicio de hacer trampas, eliminando al otro que pudiera hacer sombra, nos
lleva a decretar todas y cada una de nuestras crueles matanzas. ¿Por
qué existe en el hombre ese morboso instinto de dar muerte al pequeño,
al niño, al inocente? El crimen acompaña a la historia del hombre. No
es sólo de ayer, es también de hoy, y seguirá siendo de mañana.
¡Hay tantos homicidas y tanta mortandad de inocentes!
Tú eres buscado, no para ir a adorarte, sino para matarte . Molestas,
como molesta la verdad a los que viven de la mentira. Los amigos de las
tinieblas no soportan la luz .
Justos por pecadores, condenados a muerte... No podemos callar: Donde
está tu tesoro está tu corazón. ¡Róbame el corazón! Un corazón
robado no puede sino orar, actuar, advertir de los peligros, que tú,
con claridad, nos haces presentir: Hay que salvar al Niño y escuchar.
Te quiero obedecer. Defenderé el tesoro que dejaste en mis manos,
saldré con prontitud, veloz y con pasión, con determinación, con
instinto paterno, para ponerte a salvo. No cabe aquí flojera, ni
desidia, ni nada... y el pensarlo dos veces podría ser mortal.
¿Qué hago por proteger nuestro tesoro? ¿Me quedo mirando al Niño de
Belén mientras buscan hacerle desaparecer?
2º DÍA
El espacio de las estrellas no es de nadie. A todos nos ilumina. Todos
podemos mirar al cielo. La vieron los de Oriente y fueron los primeros
en reconocer y adorar a Dios. Dios rompe con el nacionalismo judío de
creerse su pueblo preferido , y nos muestra que no hace acepción de
personas .
Danos la humildad suficiente para no desechar a nadie, y aceptar al
otro como don, sea cristiano o no, esté alejado o no de ti. Rompe los
estrechos moldes de nuestros pensamientos, tan ridículos y tan
pequeños, y danos esa visión universalista y católica de tu mirada,
con ese corazón misericordioso y paternal que dio la vida por todos los
hombres.
¡Con qué facilidad juzgamos y desheredamos a los que no comulgan con
nuestras ideas!, cuando lo que Dios busca es atraer a todos hacia él,
integrándoles en su mismo cuerpo .
Siento la llamada, no sólo a seguirte, sino a seguirte con tu misma
intencionalidad: que todos seamos "uno" en tu Cuerpo , sin que
ningún miembro quede desgajado. Tu llamada a crear comunión en el
hogar, en la parroquia, en el trabajo y en la sociedad es la que
continuamente nos empuja a contemplarte desde Belén hasta el Calvario.
¿Tanto valemos para ti y tanto te importa la comunión entre nosotros y
contigo?
¿Qué vale la vida de un hijo para los padres? Valemos la vida de
Dios.
3º DÍA
Dios se manifiesta como una estrella luminosa, como la luz verdadera
que ilumina a todos los hombres sin excepción, a ricos y a pobres, a
reyes y a pastores, a judíos y a gentiles.
Ayúdanos, Señor, a levantar nuestras miradas que están fijas en
tierra, apegadas a nuestros intereses, para que podamos ver tu luz. Son
muchas las luces artificiales que nos deslumbran la vista y que nos
impiden ver tu gloria.
Ciertamente, un día vimos una estrella luminosa por medio de la
familia, la parroquia, en la escucha de la palabra, en la acción de una
persona, en el sufrimiento, en una lectura. Aquello fue grande y
hermoso, el corazón ardió de alegría y deseos de ponerse en camino
para no perderla de vista.
Seguir la estrella supone dejar muchas cosas , ir ligeros de equipaje
y, sobre todo, no caminar en solitario. Se necesita compañía, se
necesita comunidad, grupo, parroquia. El camino y la perseverancia no
son fáciles. Parece que la estrella no brilla tanto como al principio y
confundimos a Jerusalén con Belén.
El camino que lleva a Belén es largo y difícil y entraña muchas
dificultades. Sobre todo la incomprensión de los otros, incluso la de
los propios cristianos, que no asumen la pobreza y la humildad de
Belén. Levantemos nuestra mirada al cielo y recordemos el día del
primer encuentro con nuestro amor, el amor que nos ilumina el camino.
4º Día
Dios se manifiesta con un grito de liberación: ¡Levántate, brilla,
Jerusalén! Se manifiesta inundándonos con su luz y nos promete la
alegría de la fecundidad.
¡Cuántas promesas hermosas tienes para los que saben descubrir los
guiños de tu estrella!, Señor. Los que no somos sabios, nos dejamos
engañar por las falsas estrellas; siguiéndolas creemos encontrarte en
el oro y en el incienso: en las riquezas y en los honores. Mientras que
la estrella verdadera es tu amor por el mundo, amor encarnado en lo más
humilde que nos trae paz, misericordia y perdón.
Danos la sabiduría de saber reconocerte en tantos pobres y humildes
que viven en belenes sin techo , y danos la luz y la fuerza de saber
salir de nuestra "tierra", como lo hicieron los sabios de Oriente.
Es decir, de nuestras comodidades, de nuestras seguridades, de nuestros
criterios y así poder ofrecerte el cofre de nuestro pobre corazón,
como mirra y siendo tú nuestro mayor tesoro, que sustituya a nuestro
oro y perfumándonos con el suave y agradable olor a Cristo.
No quisiera ser ningún Herodes rechazando a cualquier hombre, a
cualquier gentil, sino miembro de tu querida humanidad y coheredero de
las Promesas por las que tu Palabra se encarnó. Que el contemplarte hoy
nos haga ser tus testigos, e iluminados con tu Sol, volvamos a nuestras
realidades humanas por otro camino.
5º DÍA
El deseo del encuentro contigo, Hijo amado del Padre, nos lanza a
caminar, guiados por la Estrella que ilumina las noches de nuestra
búsqueda, incómoda pero apasionante, decidida, tenaz, constante, que
excluye titubeos, tibieza, pereza, retrocesos, indecisiones y miedos,
propios de una vida de fe. Todos tenemos experiencias de empezar bien,
hasta que, de repente, desaparece la estrella. ¿Por qué y para qué,
en ciertos ambientes, la estrella deja de brillar? Tal vez para
aclararnos dónde no estás, dónde eres rechazado por Herodes.
No brilla la estrella en el palacio de Herodes, centrado sólo en sí
mismo y en sus propios intereses. No brilla tu luz en esos ambientes
donde se dictan sentencias injustas, no brilla tu luz en los despiadados
que chupan la sangre de los pobres, despreocupándose de todo lo que es
ajeno a sus propias riquezas, honores y placeres y burlando la verdad.
Si no vemos la estrella es porque estamos afectados por el pecado de un
ambiente, que vive y propone los contravalores del Reino, con tal
fuerza, que opacan tu luz. En esta situación no cabe más que la fe.
Creer que tú estás ya, aunque no te veamos.
Y por eso, armados de fe, se impone proseguir el camino , salir fuera
del campo magnético de este reino de malicia, de oposición, de
soborno, de engaño, de violencia, de mentira...
6º DÍA
Los sabios son los buscan la verdad. Y el que la busca la encuentra,
como la encontraron los Magos. Y volvieron por otro camino. El encuentro
con Dios nos hace ir por otros caminos, los caminos de la fe.
¡Cuantas "estrellas" nos propone hoy día el mundo! Falsas
estrellas que nos conducen a la oscuridad. Pero la estrella de Dios
tiene un brillo especial, gusta contemplarla, nos da paz, nos abre el
corazón y nos llena de esperanza. No es una estrella cualquiera, es la
estrella que nos lleva a Dios.
Danos, Señor, la gracia de saber distinguir tus caminos y tus
indicaciones entre tantas llamadas: en una palabra, en un gesto, en una
familia, en una acogida. Pero, sobre todo, haznos ver la necesidad que
tenemos de luz. Porque nos acostumbramos a vivir en la oscuridad y a no
sentir la necesidad de la búsqueda de la Verdad, hasta el punto de
negarla, diciendo que la verdad es relativa.
Las cosas nos atan, son un lastre para movernos. ¿Cómo vamos a
arriesgarnos? Danos la fuerza para ponernos en marcha , porque la luz
se va haciendo en la medida en que nos movemos; como la dinamo de una
bicicleta, que si está parada no ilumina.
Qué alegría encontrarte, Jesús. Tú eres la estrella de Dios, la luz
del mundo que ilumina a los ciegos, alegra a los tristes, anima a los
decaídos y orienta a los perdidos. Me dices: "¡Levántate, brilla,
Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!".
Sin ti no podría levantarme, pero contigo donde tú quieras.
7º DÍA
"No se pusieron en camino porque vieran una estrella, sino que vieron
la estrella porque se habían puesto en camino" (S. Juan Crisóstomo).
La vida del cristiano es la de un peregrino en busca de su verdadera
patria.
El cristiano es un mercader de perlas finas, y al encontrar una de gran
valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra" (Mt 13,45, 46).
El cristiano es un buscador de Dios, y el encuentro se produce porque
Dios tiene más deseo y recorre más camino que el hombre para
encontrarse. El siempre está a la puerta .
El camino del hombre es el de la fe. Es largo y difícil, y pasa por
noches oscuras que te llevan al bullicio del mundo, como a los Magos a
Jerusalén. Es un camino que está para hombres que no se quedan
mirándose al "ombligo", sino que se abren a cotas más altas. Pero
es un camino que necesita de los otros, de la comunidad, de la
parroquia, del grupo, como los Magos.
¿Cómo reconocer y arrodillarse, por mucha fe que tuvieran en la
estrella, al Rey del Universo en aquel niño desvalido, destilando
pobreza por todos los lados?
Se sentían felices, en paz y gozosos. Porque el encuentro con Dios
rompe y supera cualquier expectativa humana, hasta tal punto, que
abrieron sus cofres, con vergüenza. De pronto el oro, el incienso y la
mirra les parecían regalos ridículos (Martín Descalzo).
Auméntanos la fe, Señor, para poderte experimentar en nuestras vidas,
y que las cosas a las que damos tanto valor, nos parezcan tonterías y
se nos caigan de las manos .