Ciclo C
33ª ORDINARIO.
Mal 4,1-2.
Sal 96,5-9.
2Ts 3,7-12.
Lc 21,5-19.
“Llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra”
1º DIA
Jesús, con la destrucción del templo de Jerusalén, nos quiere dar a entender que todo en el mundo, por
muy “eterno” y hermoso que parezca, tiene su fin. El mundo tiene su fin. Pero quizás esto no nos dice
nada, porque el hombre está más interesado en “su propio final”. Esto es algo que ya sabemos pero que
no lo queremos traer a la mente. En realidad todo hombre al nacer, empieza a caminar hacia su muerte.
Desde el día que nacemos,
a la muerte caminamos,
no hay cosa que más se olvide,
y que más cerca tengamos.
Pero el cristiano no tiene que ver en todo esto un “apocalipsis”, sino que se sabe hecho para la
eternidad. ¿Qué haríamos si Jesús nos contestase, como querían los discípulos, cuándo va a ocurrir
esto? ¿Cómo viviríamos el presente?
Mejor, Señor, que no nos indiques la fecha ni la hora. No para no vivir angustiados, sino para vivir la
tensión de la espera, para vivir cada minuto de la vida con plenitud, como si fuera el último de la misma.
El verdadero apocalipsis del cristiano, su verdadera tragedia, sería la destrucción o simplemente el
desmoronamiento del templo más querido por Dios: su corazón, que es donde Dios quiere morar. O el
convertirlo en una cueva de ladrones.
Danos, Señor, el saborear cada momento de la vida en una comunión gozosa contigo para superar
cualquier dificultad y cruz que nos vengan.
2º DIA
Lo que sí nos dice Jesús, porque el callárselo sería hacernos mucho daño, es que el hombre que
encamine su destino hacia la eternidad, siguiéndole a él, va a tener muchas persecuciones. Porque la
verdad hace daño al que vive de la mentira o de las medias verdades.
Hoy los cristianos vuelven a estar en el punto de mira de los “falsos mesías” que nos prometen la vida
cómoda y feliz para acallar nuestros clamores por una sociedad más sana basada en los valores
cristianos. Los cristianos no podemos callarnos. Nos quieren ver mirando al cielo, para ellos mangonear la
tierra e imponer sus credos. Pero bienvenidas sean las persecuciones por dos motivos: Primero, porque
ellas verifican que vamos por el camino correcto, como nos lo dijo Jesús acerca de los profetas 1
. Y
segundo, porque es una oportunidad para anunciar la Buena Nueva, como le ocurrió a Pablo al tener que
dar cuenta ante los tribunales 2
. No hay que perder la ocasión.
Te doy gracias, Señor, por las persecuciones de Pablo por parte de los judíos que le hizo convertirse en
apóstol de los gentiles. Por eso yo ahora puedo orar contigo, puedo recibir tu Palabra que me hace vivir
de esperanza, de saber lo que valoras mi vida… Nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento.
Nunca sabré el misterio de tus caminos 3
, y la trascendencia y repercusión que tiene mi historia con sus
subidas y bajadas.
3º DIA
No hay fuerza mayor que la verdad. Se la podrá ocultar pero nunca será sepultada. El Espíritu de la
verdad es el que da la fuerza para anunciarla, y llegará el momento en que se la conozca.
Haz, Señor, que no me deje seducir por los bellos cantos de sirena con los que el mundo me quiere
conquistar. Regálame el exquisito alimento de tu palabra, que me da vida para anunciarte con valentía.
Sedúceme tú llevándome al desierto de mis ideas y proyectos, para conquistarme el corazón 4
. Tus
palabras constituyen mi alegría. Pon en mi boca tus palabras, como nos lo has prometido, porque yo
espero en ti, Señor, así podré caminar y proclamar la verdad. Tu palabra es firme y estable como el cielo,
y tu verdad permanece de edad en edad.
El ser cristiano no es para tibios, comodones o conformistas, sino para caminar junto al Jesús, que
levanta pasiones: unas a favor y otras en contra. El Espíritu de Cristo no lo deja a uno neutro. El te pone
ante la elección: ante la vida o la muerte 5
. Tú eliges. El es muy celoso con nuestra libertad, porque el
liberarnos le ha costado la vida en la cruz. Pero es una libertad que nos hace ser responsables de
nuestras acciones. ¿Qué eliges? Señor, no quiero contarme entre los tibios,
6
porque aunque yo sé que
no me vomitas, sí sé lo que te entristece por no haberte salido un hijo con tus mismos genes como
soñabas, capaz de dar la vida por la Vida.
4º DIA
El cristiano, aunque tenga la cabeza en el cielo, tiene que tener los pies en la tierra. No puede quedarse
ensimismado mirando con éxtasis las delicias eternas. Estas hay que trabajarlas aquí en la tierra. Por eso
Pablo llamaba la atención a los que estaban muy ocupados en no hacer nada. El trabajo entra dentro del
plan de Dios para el hombre. El trabajo, a la vez que sirve de unión con Dios, porque somos cocreadores
con él, es un medio de comunión con los hombres. Esto es motivo para poner todo nuestro esfuerzo no
sólo en trabajar, sino en trabajar bien porque es un medio de santificación.
El trabajo no es un tiempo muerto en nuestra comunicación con Dios. El trabajo no resta tiempo a
nuestra oración, ni es un “problema” que nos aparta de la unión con Dios, sino que es una circunstancia
que el laico tiene que convertirla en una oportunidad de alabar a Dios, transformando ese tiempo en
tiempo sagrado.
Gracias, Señor, porque a todos nosotros, consagrados o laicos, nos das las mismas oportunidades.
Nuestra ciudadanía está contigo en el cielo, por lo que todos somos peregrinantes que caminamos por
diferentes senderos que confluyen en ti. ¿Vamos a compararnos unos con otros? Entiendo que las
categorías que nos damos nosotros mismos no dejan de ser infantilismos propios de nuestro ser criaturas.
¡Qué alegría me da el saber que yo soy lo que soy para ti! Y eso no depende del ropaje que tenga: El traje
talar del obispo o el mono manchado de un mecánico.
5º DIA
Gracias, Señor, porque hoy me das la oportunidad de trabajar, no sólo para mí, sino para mis
hermanos. Quiero ofrecértelo, y mis ofrendas tienen que ser dignas de ti, por eso ¿cómo quieres que hoy
viva mi trabajo para que sea de tu agrado, y no sea un tiempo sin provecho?
Nuestro trabajo tiene que tender a crear el templo del cristiano, que es el templo de la comunidad
universal, el templo más hermoso con el que Dios sueña y del cual no puede separarse porque es su
1
Mt 5,12: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera
persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.
2
Flp 1,12-14: “Lo que me ha sucedido ha servido más al progreso del Evangelio; de tal forma que se ha hecho público
en todo el Pretorio y entre todos los demás, que me hallo en cadenas por Cristo. Y la mayor parte de los hermanos,
alentados en el Señor por mis cadenas, tienen mayor intrepidez en anunciar sin temor la Palabra”.
3
Is 55,8: “No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos”.
4
Os 2,16: “Yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón”.
5
Dt 30,19-20: “Pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios,
escuchando su voz, viviendo unido a él”.
6
Ap 3,l5-16: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres
tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”. propio Cuerpo, llamado también pueblo de Dios. 7
Dios no quiere templos de piedras muertas, por muy
hermosas, maravillosas y artísticas que puedan ser, sino que su templo es el formado por piedras vivas 8
,
elegidas por él y que desea tallar con sus manos amorosas.
Gracias, Señor, por sabernos elegidos para esa construcción. Sólo te pido mucha fe para que tú seas el
Constructor de mi vida, porque no quiero ser una piedra mal asentada que provoque daños a mi
alrededor, no quiero ser piedra de escándalo para mis hermanos. Por eso, consciente de mi fragilidad,
inconstancia y debilidad, quiero no perder el diálogo contigo, para que tu palabra me guíe y dé fuerzas, y
así poder hacer tu voluntad de crear una sólida unión con los demás.
En este templo, la mejor ofrenda que podemos hacer es nuestra propia vida; y el mejor holocausto es la
misericordia y el amor, la mejor argamasa para unir a todas las piedras entre sí.
6º DIA
Las palabras de Jesús son una invitación a la esperanza: “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.
Para Dios no existe el tiempo y, por tanto, la impaciencia, que es muy propia de los humanos.
Mirando al mundo de hoy parece que no invita mucho al optimismo. La Iglesia sufre ataques por todos
los lados. No se quiere y se desprecian los valores del Evangelio. Se nos tacha de retrógrados, como si el
hombre de hoy no fuera el mismo que el de hace dos mil años, con los mismos deseos de felicidad, dicha
y de vida eterna. ¿Se la encuentra en las ofertas del mundo?
Pero no podemos quedarnos en lamentaciones, ni tampoco decir: “Yo no puedo hacer nada”. Sino que
todo esto nos debe impulsar a trabajar por el Reino.
Bienvenidos todos los ataques porque ellos nos harán salir de nuestro orgullo de elegidos. Y aceptemos
las críticas que nos hacen los demás, para así purificar más nuestra fe. Las crisis son buenas porque te
despiertan y hacen ponerte a trabajar. ¿Qué sería el hombre sin crisis ni dificultades? Se convertiría en
una criatura de invernadero.
Estate, Señor, con nosotros para poder vencer todas las dificultades. Porque cualquier crisis puede ser
trampa o trampolín, ya que nos pueden hundir, o lanzar a cotas más altas en el crecimiento y desarrollo
de nuestra identidad de hijos de Dios. Sé tú la roca firme donde construyamos nuestra vida 9
. En las
cruces haznos ser hombres de esperanza.
7º DIA
El Cardenal Van Thuan, perseguido y encarcelado durante trece años, de los cuales nueve estuvo
incomunicado, sin acusaciones ni juicio alguno por los comunistas vietnamitas decía: “Todas las iglesias
sobre la faz de la tierra podrían ser destruidas; pero, donde sobreviva un sacerdote, podemos tener
todavía una Eucaristía. Se podrían incluso eliminar todos los sacerdotes, mas cuando dos o tres se
reúnen en nombre del Señor, él estará en medio de ellos” 10…“Estate tranquilo: si Dios permite que tú
seas privado de todo, nada es indispensable para tu trabajo”. Esta es la esperanza del cristiano que vive
de la fidelidad de Dios, que siempre cumple sus promesas. Cielo y tierra se moverán o se acabarán pero
tú sigues siendo fiel 11
.
María fue la fiel seguidora de Cristo, desde su “Sí” al Padre aceptando la maternidad divina hasta su
“Si” a Cristo en la cruz, aceptando nuestra maternidad espiritual. Ella fue templo inmaculado de Dios, que
primero le llevó en su seno, y siempre en su corazón, guardando celosamente la Palabra de Dios 12. Que
ella sea la estrella que nos alumbre en las noches oscuras de nuestras dudas y dificultades.
Danos, Señor, la fe de nuestra Mamá para que nuestro corazón esté siempre disponible a que Dios
more en él, y estemos dispuestos a guardar su palabra, inclinando nuestra voluntad para cumplirla. Que,
como ella, nuestra respuesta sea: “Hágase en mí según tu voluntad”.
7
Jn 17,21: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros”.
8
1P 2,5: “cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer
sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo”.
9
Mt 7,24: “Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su
casa sobre roca”.
10
Mt 18,20: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
11
Lc 21,33: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
12
Lc 2,51: “Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”