El Pan de Cada Día

Semana del 18 al 24 de Noviembre


Lunes, 18 de noviembre de 2013

Si recobras la vista, tú, hoy puedes ser luz para los demás.

1Mac 1,10-15.41-43.54-57.62-64 Prefirieron la muerte antes de profanar la Santa Alianza.

Sal 118,53.61.134.150.155.158 Dichosos los que siguen la Ley del Señor.

Lc 18,35-43 Recobra la vista tu fe te ha curado.

El pueblo de Israel está viviendo un momento de conflicto cultural y religioso en el que hubo judíos que acogieron con agrado el cambio, porque les parecía más moderno su estilo de vida y renegaron de la fe, otros como los Macabeos se mantuvieron firmes a la Alianza.

La historia se repite a lo largo de los siglos. También hoy está la tentación de dejarnos influenciar y podemos adoptar ideas y enseñanzas que van contra la voluntad de Dios. Corremos el riesgo de asumir postulados del mundo, rechazando con ello nuestra fe y nuestro estilo de vida cristiana. Por tanto luchemos contracorriente siendo firmes en la fe y sagaces en nuestro comportamiento, para no dejarnos influenciar y que nos hagan un daño irreparable. Los judíos fieles, lo fueron con todas sus consecuencias y prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la Alianza.

Como cristianos ¿dónde nos encontramos nosotros? Digamos a Jesús: "Jesús, hijo de David, ten compasión de mí". Él se parará a nuestro lado porque nos quiere ayudar.

Tan solo hemos de decirle: Señor, que vea otra vez. Que vea para poder elegir quedarme contigo y con lo que me dices que es realmente lo que me hace feliz. Que vea otra vez para seguirte con alegría, con fidelidad y glorificando a Dios. Que vea para colaborar contigo en devolver la vista a tantos ciegos que hoy piden a gritos poder ver, para no andar ya más en las tinieblas, sino en la luz que ilumina.

Señor haznos también muy sensibles al que hoy está al borde del camino sin luz, desorientado, solo, para que les llevemos a ti que eres la luz del mundo.

 

Martes, 19 de noviembre de 2013

Experimenta personalmente que ha llegado la salvación a tu casa.

2Mac 6,18-31 Terminó su vida dando a todos un ejemplo memorable de heroísmo y virtud.

Sal 3,2-7 Tú Señor eres mi escudo.

Lc 19,1-10 El Hijo ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

Hoy la palabra nos da ánimo para que nos mantengamos firmes en la fe como Eleazar, que terminó su vida con un ejemplo memorable de heroísmo, fidelidad y virtud. Ojalá esta palabra sea para nosotros un estímulo en las situaciones y circunstancias que nos toque vivir. Y que podamos decir al Señor: Señor, que todo lo sabes, eres testigo de que, habiéndome podido liberar de la muerte (de la humillación, el desprecio, la traición, la indiferencia, la murmuración, etc.), estoy sufriendo en mi cuerpo los atroces tormentos de la flagelación, pero todo esto lo sufro con gusto y por amor a ti.

El evangelio nos llama a la conversión, a un encuentro personal e íntimo con Jesús, como el que tuvo Zaqueo. Jesús no tiene inconveniente en ir a comer a casa de Zaqueo. Lo que realmente le importa es estar con él, conversar con él y salvar así lo que estaba perdido. Hoy quiere hacer lo mismo en cada uno de nosotros. Zaqueo, que se acerca a Jesús por curiosidad, termina acogiéndolo en su casa y repartiendo entre los pobres una gran parte de sus bienes. Es la experiencia de la persona que cambia de vida porque ha conocido a Jesús.

¡Acércate hoy a Jesús! Ten un encuentro personal con él que cambie tu vida, de manera que puedas experimentar un antes y un después. Escucha cómo te dice: Hoy voy a hospedarme en tu casa... Hoy ha venido la salvación a esta casa. 

Cuando celebramos la Eucaristía debería notarse que ha entrado la salvación, la alegría en nuestra vida, y si así fuese lo haríamos todos los días. Señor, gracias por venir a mi vida a salvar lo que estaba perdido.

 

Miércoles, 20 de noviembre de 2013

Experimenta el gozo y la alegría de poner a rendir tus talentos. 2Mac 7,1.20-31 El Creador del universo os devolverá el aliento y la vida.

Sal 16,1.5-8.15 Guárdame como a la niña de tus ojos.

Lc 19,12-13.15-26 Negociad mientras vuelvo.

Es admirable y todo un testimonio la entereza, la fe tan grande y la confianza en Dios de esta madre de los Macabeos, que junto a sus hijos entregaron la vida soportando todo con amor y fidelidad a su Dios. Cómo va dando ánimo a cada uno de sus hijos, para que no tuvieran miedo al martirio, sino confianza y esperanza en Dios que sabría recompensarles: "Dios con su infinita misericordia, os devolverá el aliento y la vida" También nosotros somos constantemente tentados a no ser fieles a Dios y a no perseverar en la fe. Para no caer en la tentación e ir contracorriente necesitamos estar unidos a aquel que nos puede salvar en una vida orante que nos ilumine el camino, para resistir a la presión del ambiente. Que hoy con el salmo podamos decir: mis pies estuvieron firmes en tus caminos y no vacilaron mis pasos... guárdame como a las niñas de tus ojos y al despertarme me saciaré de tu semblante.

Jesús nos invita en el evangelio a que cada uno negociemos con los talentos que hemos recibido. ¿Qué hacemos con ellos?... ¿Somos audaces y negociamos con los talentos o más bien por pereza, los dejamos improductivos?... Al final de nuestra vida tendremos que rendir cuentas. Ojalá no se nos tenga que tachar de holgazanes, sino de personas que hemos intentado negociar bien, sacando todo el provecho y fruto para nuestro bien y el de los demás.

La vida es una aventura y un riesgo y el Juez nos premiará, sobre todo, la buena voluntad y el esfuerzo que hayamos puesto en hacer rendir los talentos recibidos más que el resultado final que hayamos conseguido. No justifiquemos nuestra pereza ni echemos la culpa a los demás de nuestra inoperancia, para que al final podamos escuchar las palabras del Juez que satisfecho de nuestra vida nos diga: muy bien siervo bueno y fiel, estoy contento de tu vida, entra en el gozo de tu Señor.

          

 Jueves, 21 de noviembre de 2013 (Presentación de la Santísima Virgen) Reconoce en todo y siempre la venida del Señor y serás feliz.

1Mac 2,15-29 Viviremos según la alianza de nuestros padres.

Sal 49,1-6.14-15 Invócame en los días de peligro; yo te libraré.

Lc 19,41-44 No reconociste el momento de mi venida.

Matatías que ha experimentado el amor de Dios, ha experimentado la alegría, la paz y la felicidad que da vivir según la Ley del Señor, siendo fiel a la alianza. Por eso puede responder de manera enérgica a los emisarios del rey: "aunque todos obedezcan al rey y hagan lo que decís, yo, mis hijos y mis parientes permaneceremos fieles a la alianza de nuestros antepasados. ¡Dios me libre de abandonar la Ley!

También los cristianos somos tentados continuamente a paganizarnos, a rendir tributos y ofrecer sacrificios a los dioses paganos, que hoy dirigen a nuestro mundo: honores, placeres y riquezas. Sin embargo la Palabra nos invita a dejarnos interpelar por estos judíos que supieron resistir a la tentación y conservaron su identidad en medio de un ambiente paganizado y hostil.

Jesús nos ha enseñado a reaccionar sin violencia, resistiendo a la tentación y conservando nuestra identidad. Él nos ha dicho que estemos en el mundo, pero sin ser del mundo. Seamos, pues fieles al evangelio de Jesús. Hoy tampoco lo tiene fácil el joven que camina contracorriente, la familia que se esfuerza por seguir a Jesús ni el religioso que permanece en su fidelidad. Si seguimos confiando en Dios, él nos garantiza lo que hoy nos dice el Salmo: "al que sigue el buen camino le haré ver la salvación de Dios".

Que Jesús hoy no tenga que llorar por nosotros como lo hizo por Jerusalén, que no reconoció su presencia. 

Te pedimos, Señor, nos concedas aprovechar mejor todas las gracias y dones que nos regalas. Que nos abras los ojos para ver todos esos momentos de gracia. Que nos mantengamos vigilantes y despiertos en todos los momentos que tú vienes a nuestra vida y no nos encuentres dormidos, bloqueados por preocupaciones sin importancia o distraídos en valores que nos dañan y no nos permiten ser felices.

 

 

Viernes, 22 de noviembre de 2013

Sé casa de oración, lugar de encuentro con Dios para muchos.

1Mac 4,36-37.52-59 El pueblo se postró en tierra adorando y alabando a Dios.

Sal 1Cro 29,10-12 Quiero hacer ahora una alianza con el Señor.

Lc 19,45-48 Mi casa es casa de oración.

Toda la Palabra de hoy gira en torno al Templo. Para los israelitas el templo era muy importante, ya que significaba para ellos la presencia de Dios. De manera que una vez vencidos los enemigos que les habían profanado el templo, lo primero que hacen es reconstruirlo, purificarlo y celebrar una gran fiesta: vayamos a purificar y consagrar el templo.

Tenían conciencia clara de que para ellos la presencia de Dios en sus vidas era vital e imprescindible, por lo que se ponen rápidamente manos a la obra para recuperar su templo, presencia de Dios.

Ojalá nos estimule a nosotros a orar con más frecuencia para hacer realidad la  presencia de Dios en nosotros. Somos templos del Espíritu donde Dios habita y su ilusión, para cada uno de nosotros, es podernos habitar, estar en nuestra vida, en nuestra casa, en nuestro corazón, para vivir con nosotros. Nuestro Dios sabe lo mucho que le necesitamos y por eso no duda en venir a nuestro corazón: casa de oración para todos los pueblos. Pero nos advierte: no convirtáis mi casa en cueva de bandidos. Los judíos habían convertido el templo en un lugar de feria y de negocios, perdiendo así todo lo que significaba la presencia de Dios, de oración y sacrificios. Y Jesús no puede menos que tirarles abajo este tinglado, este mercado, todo este negocio.

¿Mi corazón es lugar de encuentro contigo y con los que tú me confías?

¿Te conozco para fiarme de ti? ¿Escucho tu palabra o me quedo en el cumplimiento de normas? ¿Hago un mercadeo, un negocio, con todo lo que el mundo me ofrece? Señor ven a mi corazón y quédate conmigo, te necesito. Quiero que seas tú quien viva mi vida.

Mira en profundidad mi corazón y quita y tira todo lo que te moleste; haz de mi casa una casa de oración, de una profunda intimidad contigo.

 

Sábado, 23 de noviembre de 2013

Estamos destinados a ser hijos de Dios y participar en la resurrección.

1 Mac 6,1-13...y yo gozaré, Señor, de tu salvación.

Sal 9,2-6.16.19 Has defendido mi causa con justicia.

Lc 20,27-40  No es Dios de muertos sino de vivos.

Estamos hechos para ser muy felices, entonces ¿por qué tantas veces no lo somos?, porque no siempre vivimos según la voluntad de Dios. La experiencia de Antíoco al final de sus días es bien reveladora. Antíoco vivió como él quiso: persiguió al pueblo de Israel, les destruyó el templo y se lo profanó, les robo, hizo de las suyas y se reveló contra la voluntad de Dios. Al final de sus días acabó diciendo: me siento abrumado por la pena... Ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén... reconozco que por eso me han venido estas desgracias. A Antíoco le pasa factura la arrogancia que tuvo con Dios y con los demás. Ojalá aprendamos a no caer en los mismos errores. Enséñanos, Señor, a valorar y reconocer el tesoro de tu presencia en nuestras vidas. Haznos sencillos y humildes para poder disfrutar de tu presencia y de la relación contigo. Que no busquemos lo más fácil y resultados brillantes, que no vayamos por caminos equivocados. En principio no parece que pase nada, pero luego siempre vienen las consecuencias y ni te sientes bien ni eres feliz.

Hoy se nos invita a trabajar con perseverancia apoyada en la fidelidad, hecha de los pequeños detalles de amor, para poder decir: Señor, yo gozaré de tu salvación. Nuestro Dios no es un Dios de muertos sino de vivos y nos ha creado y destinado para la vida aquí y ahora: casados, solteros o célibes. 

Después, en la otra vida, en la futura, Jesús, nos dice hoy muy claro que ya no hará falta casarse. Allí seremos como ángeles. La vida, el amor y la alegría no tendrán fin. ¡Qué suerte que Dios nos haya comunicado su misma vida para siempre, que estemos destinados a ser sus hijos y a participar plenamente con Cristo en la Resurrección. Gracias, Dios mío, por ser tan bueno con nosotros.

 

Domingo, 24 de noviembre    (Jesucristo Rey del Universo) Jesús, acuérdate de mí ahora que estás en tu Reino.

2 Sam 5,1-3 Tú serás el pastor de mi pueblo.

Sal 121,1-5 Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor.

Col 1,12-20 Él es imagen de Dios invisible.

Lc 23,35-43 Este es el rey de los judíos.

Celebramos la fiesta de Jesucristo Rey del Universo y también termina el año que la Iglesia ha dedicado a la fe de forma especial, en el aniversario del Vaticano II. Ahora que está caliente es tiempo de propagarla, para que siga viva en nosotros y para que vaya prendiendo allí donde estemos.

El discípulo no es más que su Maestro. Y de él se burlaron, a Él le maltrataron, persiguieron y crucificaron. Pero así fue como quiso reconciliar a todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. Fue así como quiso salvarnos y redimirnos a todos.

Coronado de espinas y con una caña como cetro, pero verdadero y único Rey del Universo. Desnudo y elevado en la Cruz atrayéndonos a todos hacia Él. Desde la cruz tu trono de gloria, venciste a la muerte y al pecado y nos hiciste participes de la gloria que un día esperamos tener contigo por tu infinita misericordia. No tenías aspecto humano. Así te habían dejado y aún se burlaban de ti y te retaban: "a otros has salvado, sálvate a ti mismo si eres el Mesías". No se daban cuenta que tú no necesitabas salvarte sino nosotros y que por nosotros estabas ahí, hasta el final. Por nosotros diste la cara y te la partieron. Ya habías dado tu vida al Padre, no te la podían quitar.

Señor, si esto nos lo hubieran hecho a nosotros, sería justo porque recibiríamos el pago por nuestros pecados, pero a ti, el único justo, el que no ha faltado en nada, el que todo lo ha hecho bien, por amor y por nuestro bien... Perdona, Señor.

Gracias, Jesús, por tu vida, por enseñarme cómo ser rey en este mundo, sin miedo a las humillaciones, a las persecuciones, al calvario, a la cruz y a la muerte. Gracias por enseñarme a dar la vida, a dejarme crucificar.