El Pan de Cada Día

Semana del 4 al 10 de noviembre

Ciclo C



32ª ORDINARIO.

2Mac 7,1-2.9-14.
Sal 16,1.5-6.8.15
2Tes 2,15-3,5
Lc 20,27-38

“Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se
espera que Dios mismo nos resucitará”



1º DIA
Hoy, aunque la fe no se persigue con sangre en nuestro mundo occidental, sí que es generalmente
vilipendiada y perseguida por unos poderes que pretenden que adoremos a otros dioses, como querían
que lo hicieran los Macabeos.
En esta persecución religiosa, apelando a una mal entendida laicidad, sí podemos hablar de exterminio,
no entre los que están censados y con DNI, sino entre los que no pueden apelar a su derecho a la vida.
Pero sí claman con un grito silencioso desde el patíbulo del seno materno, proyectado por Dios como un
recinto de protección para la vida.
Los saduceos eran de la clase alta y negaban la Resurrección. Por eso la muerte justificaba su forma
de vivir, agarrados a sus privilegios y haciendo alianzas políticas con quien sea, con tal de mantenerse
en el poder. Seguían lo que decía S. Pablo: “Comamos y bebamos que mañana moriremos” (1Co 15,32).
¿Tenemos hoy saduceos en nuestro mundo?
Estas lecturas nos interpelan como, cristianos, afianzados en la esperanza de la Resurrección, para ser
capaces de recibir las adversidades por nuestra fe con la entereza de los Macabeos. Roguemos, como
pedía Pablo a los Tesalonicenses, para que nos veamos libres de los hombres perversos y malvados, y
para que nuestras vidas y nuestros testimonios sean semilla de vida eterna en nuestra sociedad.
 2º DIA
La Resurrección es la verdad más importante del cristianismo. Si no hubiera resurrección de los
muertos, bien podríamos decir como Pablo: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Hoy vemos
un mundo coherente con este pensamiento, un mundo que quiere saciarse de no sabe qué, pero
desenfrenado por aprovechar los cuatro días de esta existencia. Un mundo en el que cada uno va a lo
suyo, sin importarle lo de los demás, carente de moral y de principios.
La Resurrección es la verdad sobre la cual giran todas las demás verdades. Es como el faro que guía
al barco, y el puerto de destino que nos espera. Sin esta verdad ni la religión, ni la Iglesia, ni el Papa, ni el
último cura tendrían sentido alguno. Si no se cree en la resurrección y en la vida eterna es normal tener
este mundo que tenemos.
Me ilusiona, Padre, el saberme hecho para la eternidad: “La razón más alta de la dignidad humana
consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios.” (G.S. 19) Comprendo que los hombres
queramos ser como dioses. Me ilusiona y da sentido a mi existencia el que estemos hechos para
participar de tu propia divinidad. Me ilusiona que tengas este proyecto para cada uno de nosotros. Por
algo ya has hecho al hombre con esa inclinación natural. El deseo de inmortalidad es un deseo natural en
el hombre y, como dice Sto. Tomás de Aquino: “Nada vano hay en la naturaleza”. Estamos hechos para
la eternidad

3º DIA
Tú, mi Dios Padre, eres mi Padre Dios, y eres ante todo mi Padre, mi Papá. Con saber esto no me hace
falta nada más para creer en la Resurrección. ¿Qué padres de la tierra no daríamos nuestra propia vida a
nuestros hijos?
1
, ¿Te vamos a ganar a ti en amor, tú que eres el manantial del amor, y que nuestro amor
humano es participación del tuyo?
Todo esto tiene una lógica aplastante. Si tanto nos cuesta creer en la Resurrección es, o bien porque
creemos que el amor de Dios por nosotros es inferior al que cada uno de nosotros tenemos por nuestros
hijos, o bien pensamos que Dios está limitado en su poder. Por eso decía Sto. Tomás de Aquino: “No hay
que esperar de Dios algo menos que a él mismo”. O como Leibniz: “Dios no podía darle todo a su criatura
sin hacer de ella Dios”.
Esto, Padre, me da ánimos y me dinamiza para que no me quede extasiado mirando al cielo como un
“elegido”, o como un niño que no hace más que recibir. Esto me da sentido a la vida y la causa para
darla. No quiero ser como decía Jean Giono: “El cristiano, en su felicidad de elegido, atraviesa los campos
de batalla con una rosa en la mano”.
Una anáfora de la misa dice: “Al perder el hombre su amistad con Dios, él no le abandonó al poder de
la muerte, sino que compadecido tendió la mano a todos, para que le encuentre el que le busque”. La
mano tendida de Dios se llama Cristo, y el cristiano es continuación de esa mano.

4º DIA
Nuestro lenguaje, hecho para las cosas terrenas, se ve incapacitado para expresarse y entender las
realidades divinas, y Dios, siendo consciente de ello, quiere que le acojamos desde la fe. Pero eso no
impide que profundicemos y pongamos todos nuestros sentidos en tratar de captar este hermoso misterio
de amor de Dios en su proyecto por cada uno de sus hijos 2
. Sueña y te quedarás corto.
Es algo relacionado con el amor, con la plenitud, con nuestra identidad y dimensión eterna. Podría
decirse que es la máxima realización del hombre como proyecto de imagen de Dios. Algo así pensaba
San Ignacio de Antioquia: “Cuando llegue al cielo, entonces seré hombre”. Es la potenciación al
exponente infinito del amor en sintonía y comunión con el Amor. Es la eternización de lo que
verdaderamente vale la pena de ser eternizado en nuestra vida. Y lo único que verdaderamente vale la
pena de ser eternizado es el amor.
¿No hemos experimentando en la vida unos pequeños retazos de dicha, cuando nos hemos sentido en
comunión con otras personas por medio del amor? Cuando uno ve a la persona amada y no quiere otra
cosa que estar juntos. Es una experiencia que nos dice que el cielo es la máxima potenciación de esa
experiencia. Es felicidad suma. Nosotros no queremos poner a prueba a Jesús, como los saduceos, pero
tenemos una curiosidad por saber cómo puede ser esta verdad.

5º DIA
Estamos hablando de un destino feliz para todos, y eterno en el tiempo y en la plenitud, y que nadie ni
nada nos lo puede arrebatar y que generalmente asumimos cuando todo nos va bien. Pero cuando
caminamos contracorriente y las cosas nos salen mal, nuestra fe empieza a tambalearse, y normalmente
nos perdemos en buscar respuestas a todo ello, sin preguntar a Dios por los acontecimientos.
Cuando aparecen situaciones de muerte, tú apareces en nuestro horizonte y con tu Resurrección nos
desafías diciéndonos: “¿Para qué tienes puesta tu confianza en mí? ¿Para tus proyectos terrenales o
para mis proyectos divinos?”

1
 Mt 7,11: “Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que
está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!”
2
 1 Co 2,9: “Anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los
que le aman”. “Resucitar es sentirse nuevo, es redescubrir el mundo, es nacer de nuevo. No es posible creer en la
resurrección si no se ha tenido la experiencia de una renovación, de un amor en quien se cree. No hay
más eternidad que la del amor. Si no has sabido amar no tendrás nada que eternizar” (L. Evely).
Quiero Señor, creer firmemente en ti para vivir una relación de amor mucho más grande y estrecha, y
poder responderte a este deseo tuyo de que sea instrumento de resurrección, para muchos de mis
hermanos que viven con la angustia de su finitud.
Tú me gritas en cada uno de tus miembros: “¿Me ayudas a resucitarlos? Te necesito”. No puedo
resistirme a tu llamada. Pero antes regálame esa experiencia de resurrección, porque sólo desde ella
podré contagiarla a los demás.
 6º DIA
Jesús liga la fe en la Resurrección a la fe en su propia persona: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn
11,25). Y resucitará en el último día a quienes hayan creído en él 3
. Por eso, su invitación a seguirle es
porque él es el camino que nos lleva a la verdadera vida.
A veces pensamos que vivir de fe es salirse de la realidad cuando ésta nos cuesta entenderla. Sin
embargo, él se nos hace presente en nuestro camino por la vida, como con los de Emaús, 4
 para poder
darnos a entender que las realidades de la muerte no tienen la última palabra, y que no tienen el peso de
un Dios que da la vida por amor: “La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión futura de
Dios, fin de nuestro caminar aquí abajo” (N.Cat 163).
En el horizonte de la resurrección brota la alegría de un Dios, que no quiere que ninguna esclavitud
tenga poder sobre nosotros. Y la última y definitiva en ser vencida ha sido la esclavitud de la muerte 5
.
Pero, como resucitó, nada hay imposible para el que cree en él. Dejando atrás la duda y la poca fe
anunciemos con nuestra vida y nuestra esperanza la realidad de un Reino Nuevo. Y para ello nos invita a
morir como el grano de trigo, ser enterrado para dar frutos de vida eterna.
Queremos ser, Señor Sembrador, semillas del Reino, para ser esparcidas con tus manos amorosas en
los campos de nuestros hogares y en los ambientes de nuestras vidas.

7º DIA
Una imagen para poder captar un poco esta realidad de la nueva vida, es la del “banquete nupcial”. El
banquete representa comunión y amistad. Es un buen momento de romper la hostilidad y transformarla,
con el gesto generoso del brindis con el vino nuevo de las bodas de Caná, en el regalo de la alegría que
nos da la fraternidad y la comunión. María siempre está presente con su mirada atenta y vigilante,
interviniendo con su corazón de madre, como lo hizo en Caná.
Las nupcias profundizan el sentido del banquete. Ellas simbolizan el acto humano de la entrega total y
absoluta de toda la persona, en su doble dimensión corporal y espiritual. Jesús resucitó, pero no
abandona nuestra tierra, se queda aquí para invitarnos también al Banquete de su Eucaristía.
No, yo no dejo la tierra,
no, yo no olvido a los hombres.
aquí yo he dejado la guerra,
arriba están vuestros nombres.
Tú nos reúnes, Señor, en torno al cáliz y al pan y nos invitas a ser luz del mundo y la sal para dar sabor
a la vida. Sal para conservar la fe y la esperanza, en un mundo caracterizado por el ateísmo y la falta de
sentido ante la vida, por una muerte que todo se lo lleva por delante. Queremos que nos acojas como tus
invitados que están dispuestos a ser tus testigos y convertirnos en eucaristía para todos nuestros
hermanos, principalmente con los que compartimos el pan de la vida en el hogar, en el trabajo...


3
 Jn 6,40: “Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le
resucite el último día.»”
4
 Lc 24,14-15: “Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de
Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos”.
5
 1Co 15,26: “El último enemigo en ser destruido será la Muerte”.