El Pan de Cada Día

Semana del 27 de enero al 2 de febrero

Ciclo A


4ª ORDINARIO

Sof 2,3; 3,12-13
Sal 145,7-10
1Co 1,26-31
Mt 5,1-12


"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de
los Cielos"


1º DÍA
El cristianismo no es masoquismo ni unas normas para "ir tirando" por
esta vida, como si ésta fuera un fardo pesado. Si el cristianismo no es
para hacernos felices, yo sería el primero en decir: "yo no me
apunto". El cristianismo es para la vida, para vivir feliz aquí y la
plenitud en la otra Vida.
Muchos falsos libertadores han salido y salen en la sociedad, incluso se
vanaglorian de estar por encima de Dios, creyendo que la dignidad del
hombre está en que éste sustituya a Dios. Eso ya lo hicieron Adán y
Eva. Es una vieja historia que se repite a través de todos los tiempos.
Jesús es el auténtico libertador. Lo que Jesús nos propone tiene la
validez de su propia vida, el certificado de su propia experiencia y el
sello de su propia sangre. Jesús es el verdadero humanista que pone al
hombre en su máxima dignidad: la de hijos de Dios.
Si en su tiempo la "Ley" era Dios y se guardaba en el Sancta Sanctorum
del Templo, si el precepto principal era el guardar el sábado, podemos
entender a Jesús cuando pone al hombre por encima del sábado . Es como
decir: El hombre está por encima de cualquier culto debido a Dios. Pone
como modelo al buen samaritano que atiende al herido antes que el
cumplimiento del culto a Dios .
Yo, Padre, no necesito más que saberme hijo muy querido por ti, por eso
te pido, con confianza filial, que me instruyas en tus caminos y tengas
paciencia conmigo porque muchas veces no entiendo las Bienaventuranzas.

2º DÍA
Bienaventurados, felices, dichosos, son palabras con las que empieza
Jesús este primer sermón del evangelio de S. Mateo. La felicidad es la
diana a la que van dirigidas todas las actuaciones del hombre, porque el
hombre ha sido creado para la felicidad, por eso puso Dios a Adán y Eva
en el paraíso. Esto entra en la lógica de un Dios Padre, lo contrario
sería absurdo. Lo que no vemos tan lógicos son los caminos que el Señor
nos señala.
Para subir al monte de las Bienaventuranzas hay que descalzarse antes
porque entramos en terreno sagrado, hay que descalzarse de muchos
presupuestos con los que caminamos en el mundo. Muchas veces uno querría
arrancar esta página porque no es fácil de "digerir", lo único que
nos detiene es el deseo tan grande de Dios que no hace otra cosa que
querer indicarnos el camino de nuestra felicidad, y saber que eso le
costó la vida. "El día que nuestro Señor enseñó las
bienaventuranzas, firmó su propia sentencia de muerte" (F. Sheen)
Tus palabras van derechas a nuestro corazón, Señor. Son como un bisturí
que corta, pero que sana. Haznos asimilar estos caminos tan contrarios a
los nuestros. Haznos entender que para ser feliz hay que ser pobre,
débil, llorar, ser perseguidos,.. Ciertamente, el mundo va en otra
dirección y no son felices . Caminamos con nuestras lógicas y
comprobamos que el mundo no es más feliz, acabando como el hijo pródigo:
apacentando puercos y comiendo algarrobas

3º DÍA
Hay que subir al monte, lugar sagrado. En el monte Sinaí se dio la Ley
con la que el hombre se esclavizó a la letra con una vida farisaica de
"cumplimiento" (cumplo y miento). En el monte de las Bienaventuranzas
nos viene la ley del espíritu, liberadora del legalismo anterior. En el
Sinaí estaban los "mínimos cumplimientos", como los "servicios
mínimos" en las huelgas. Aquí se apunta a las cimas a las que hay que
tender con toda el alma, y la felicidad que espera a quienes las coronen.
Al joven rico de la parábola el cumplimiento de la Ley no le hizo feliz
y se marchó triste porque renunció a las bienaventuranzas que le propuso
Jesús . Jesús fue el que practicó estas bienaventuranzas en el monte
Calvario.
El amor es exigente, y tú, Padre, nos animas a esforzarnos en subir a
estos montes de las Bienaventuranzas y del Calvario. Ya sabes lo poco que
me agrada la pobreza, la persecución, las lágrimas, los esfuerzos, pero
te doy gracias porque me indicas que mi desarrollo no se consigue sin
caminar y caminar hacia las alturas. Los gozos vienen con las experiencias
de metas conseguidas. Los que no somos alpinistas queremos captar un poco
el gozo de los que escalan las altas cumbres, pero no lo hemos
experimentado. Cada vez tengo más claro, Señor, que conocerte es a
través de la experiencia y no desde la teoría. Por eso entiendo que nos
quieres volver a repetir lo que a tus discípulos cuando les lavaste los
pies .

4º DÍA
Cada una de las bienaventuranzas son como cada una de las pinceladas con
las que podríamos hacer el retrato de Jesús, porque él es el único ser
humano que las ha vivido a fondo: el Bienaventurado.
Tú no ignoras, Señor, porque me conoces muy bien, que cuando me indicas
este "camino", yo lo quiero interpretar como que son "caminos"
distintos que llegan al mismo fin. Hazme entender que no se puede ser
misericordioso y no ser pobre de espíritu, que desee trabajar por la paz
y no aceptar el rechazo de los demás, etc. ¿Cómo sería tu rostro si te
faltara alguna de estas pinceladas? Seguro que estaría deformado y
horroroso. Ahora te hago una pregunta: ¿Cómo ves mi rostro? Gracias,
Señor, por tu misericordia al aceptarme como soy. Gracias por ser tú el
que no se escandaliza de nada y todo lo esperas de nosotros.
Las cuatro primeras pinceladas están alrededor de la primera: Los pobres
de espíritu. Parece que nos sería más difícil la pobreza material.
Gran equivocación.
¡Qué mal suena la palabra pobre, Señor! Si tú me convences en esta
primera, serán más fáciles las demás. Algo entiendo cuando me hablas
de pobreza "espiritual", como algo más que pobreza material.
El verdadero pobre de espíritu, el que pone toda su confianza en Dios,
acaba siendo también pobre material porque tendrá muchos pobres a su
puerta. Teresa de Calcuta decía: "Me preocupa más la pobreza
espiritual de Occidente que la pobreza material de oriente". Porque la
primera es la causa de la segunda.

5º DÍA
Si la paga de los pobres de espíritu es el Reino de los cielos, hazme
entonces valorar, Señor, la riqueza de ese Reino, hazme ver ese tesoro
escondido que no está a la vista de todos. Sin embargo algo podemos
captar al ver a gente desgraciada cuando tienen todo aquello que nosotros
no tenemos y que creeríamos que con ello seríamos felices. Te doy
gracias, Señor, por haber tenido la experiencia de ver tristezas en los
que mucho tienen y alegrías en los que nada tienen ¿Cuál es el secreto?
También experimentamos que el corazón del hombre es insaciable, como
aquella vieja canción: "El que tiene un peso quiere tener dos; el que
tiene cinco quiere tener diez, el que veinte busca los cuarenta y el de
los cincuenta quiere tener cien...". Y esto lo sabía muy bien Séneca
que no conoció a Cristo, cuando dijo: "Jamás habrá felicidad para
aquél que es atormentado por el deseo de tener cada día más".
Por otra parte todo lo terreno es tan esquivo y voluble, que nos hace
vivir intranquilos por miedo a perderlo. Desgraciadamente hoy se valora
más el "tener" que el "ser". Es como construir nuestras vidas en
terreno arenoso y sin consistencia .
Quiero, Señor, construir mi vida sobre tu roca firme para que los
vendavales que hoy soplan del "tener y tener" no derriben mi vida
arraigada en el "ser", en el desarrollo de mi propia identidad, hecho
a tu imagen y semejanza (Gn 1,26): Ser amor.

6º DÍA
La otra pincelada clave del rostro del bienaventurado es la de la
persecución por causa de la justicia. El seguimiento a Cristo compromete
la vida. Es no estar nunca satisfechos y siempre con hambre de justicia y
de verdad, de amor y de santidad, aceptando la no comprensión de los
demás. No ser inquisidores, sino comprensivos, sabedores de la propia
debilidad y pobreza, seguros de no vivir ellos mismos la actitud que
conviene, pero que por encima de todo está la misericordia de Dios,
modelo de la que tenemos que tener con los demás, sabiendo que el mal del
mundo es la ignorancia, como dijo Jesús en el monte Calvario .
La página de las Bienaventuranzas, debe ser ese botiquín al que debes
acudir cuando no te sientes bien. Allí encontrarás esa medicina que
"aparenta" mal sabor, sabor a pobreza, humildad, persecución, etc.,
pero que cura. Si tienes la tentación del tener, si el orgullo te puede y
no dominas la violencia, busca las medicinas en ese botiquín. Cuando
sientes cansancio por la lucha y te entran tentaciones de mirar atrás,
allí encontrarás las vitaminas que te ayudarán a seguir. Cuando tu
corazón se endurece, la sensibilidad se pierde, vete al botiquín de las
Bienaventuranzas. Cuando te sientas señalado por confesar tu fe, busca la
medicina que te haga perseverar.
No te importe el lugar ni el momento: El Señor Farmacéutico está de
guardia las 24h. y te dará la medicina que cura de verdad.

7º DÍA
Mientras Jesús está en lo alto de la montaña, la multitud se encuentra
en la llanura, y los discípulos en el medio. Parece un sermón más
propio para los discípulos que para la multitud. El discípulo es el lazo
necesario entre Dios y el mundo, el que sufrirá la tensión de la
fascinación por el mundo y la fascinación de Jesús; entre vivir el
presente a costa de lo que sea, o vivir el presente con la atracción del
futuro.
El presente del cristiano está cargado y henchido de futuro. Lo esencial
no pueden ser las "cosas" ansladas en el presente o hurtadas ya por el
pasado; lo esencial es la forma de vivir; una determinada manera de
atravesar las brumas del hoy, al resplandor, ya percibido, del sol de
mañana (L. Monloubou).
El cristiano, es el sabedor de dónde se encuentra la solución de los
males que aquejan a este mundo y no puede callarse. Como decía Pablo:
Predicar el Evangelio es un deber que nos incumbe, aunque sea dentro de
una absoluta debilidad .
María, nuestra Madre, fue maestra en guardar la Palabra de Dios: primero
en su seno y después en su corazón por lo que fue dichosa. Pero Jesús
nos quiere hacer ver que cada uno de nosotros podemos tener la misma dicha
que ella si practicamos las bienaventuranzas . No te quedes admirando y
elucubrando. Ella nos señala a Cristo diciendo "Haced lo que él os
diga". Y Cristo nos dice "Seréis felices si lo practicáis" ( Jn
13,17)