El Pan de Cada Día

Semana del 24 al 30 de marzo

Ciclo A


4ª CUARESMA:

1Sm 16,1.6-7.10-13
Sal 22,1-6
Ef 5,8-11
Jn 9,1-41

"El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón"


1º DÍA
Estamos ante una catequesis bautismal: Hemos hablado del símbolo del
agua, y ahora nos toca el de la luz. Con el Bautismo pasamos de las
tinieblas a la luz. Si Cristo es la luz, los cristianos somos hijos de la
Luz, y como tal, caminamos tras la Verdad, que es Cristo.
Pero las tinieblas no están inactivas. Desde que se hizo la luz, ésta y
las tinieblas están en lucha constante. Hoy vivimos en un mundo donde,
bajo el estandarte de la libertad y del progreso, se rechazan los valores
que vienen del Evangelio, siendo sustituidos por los valores que cada uno
quiere poner. Estamos inmersos en una cultura, que como un profundo
"agujero negro" que se engulle a las estrellas, quiere engullir al Sol
que nace de lo alto. Hasta el mismo Nietszche, que quería quitar a Dios
para que luciera el hombre, se preguntaba: ¿No sentimos en nuestro rostro
el soplo del vacío? ¿No hace cada vez más frío? ¿No es cada vez más
de noche?
Hoy más que nunca, Señor, tenemos que estar más unidos tú y yo. Te
necesito muy cerca de mí, unidos, ser uno, para que no me puedan las
tinieblas del mundo, y tú me necesitas para ser portador de tu antorcha.
Tu palabra me anima y mi rostro se alegra, cuando me haces ver que tú has
vencido al mundo . "Teresa nada puede, pero Teresa de Jesús todo lo
puede. Somos mayoría" (Sta. Teresa de Jesús). Quiero ser tu espejo que
refleje la luz del Evangelio a todas las gentes.

2º DÍA
Necesito, Señor, renovar las promesas del Bautismo, hoy yo soy el ciego
que necesita ser curado por la fe, el agua y la palabra. Que, como al
ciego, apliques barro a mis ojos, me hagas ver mi realidad de que soy
tierra, ser insignificante y débil, ciego de nacimiento y necesitado de
ayuda. Pero que mezclada con tu saliva divina, que tiene fuerza curativa,
me da vida, como al primer hombre con el soplo divino .
¡Qué grande es poder tener tu palabra que me indica el camino, tu
palabra que da confianza para poderte obedecer. Gracias, porque por ella
sé donde tengo que lavarme. ¿Dónde hubiera ido yo por mi cuenta, sin
tus amadas y paternales indicaciones?
No podía ser cualquier agua, sólo puede dar vida el agua del Espíritu,
que se encuentra en la "piscina" de la Iglesia. Ésta, que como Cuerpo
de Cristo, nos hace a cada uno de nosotros ser miembros de él, y también
miembros los unos de los otros . Que yo le pueda decir a mi hermano:
"El Señor me ha dado esta luz, yo te la comparto, y que tú también me
puedas iluminar con tu oración, con tu vida".
Necesito más verte que razonarte. Dame el colirio de tu amor para abrir
mis ojos a la presencia del otro, al que algunas veces niego mi mirada
porque su presencia me compromete. Que no me importe el por qué está el
otro ciego, como no le importaba a Jesús. Señor, que yo pueda salir de
mí y darle lo que tengo, sobre todo que pueda indicarle dónde se puede
curar.

3º DÍA
No hay peor ceguera que la del que cree que ve, como los fariseos, y se
quedan ciegos. Los cristianos podemos caer en un orgullo religioso y de
culto ciego, que no aceptemos que un "pobre diablo", como el ciego de
nacimiento, nos pueda dar lecciones.
Unge nuestros ojos, Señor, para que los que creemos saber mucho de ti, te
podamos saborear y contemplar en las pequeñas cosas diarias. La vida
está llena de pequeñas cosas que no las valoramos, perdiéndonos la
mayor parte de nuestra vida. Tú estás en ellas, y sin embargo nosotros
nos quedamos en las apariencias, sin profundizar en lo que hay detrás.
Quiero agradecerte el vaso de agua que bebo, porque detrás de ser un
elemento de la naturaleza estás tú que, desde la eternidad, te has
preocupado por apagar mi sed. "Hay más de Dios que de agua en cada gota
de agua" (Pascal).
Te queremos encontrar en lo grande y sobrecogedor , y sin embargo tú
estás en la imperceptible brisa. Queremos más y más milagros para
verte, pero tú estás ahí, muy cerca, en el abrazo de un padre, en el
beso de una madre, en las caricias de unos enamorados, en lo oculto de un
claustro donde hay personas que han consagrado sus vidas por nosotros.
Danos la luz suficiente para encontrar tus huellas en el hermano que
tenemos al lado. Que lo pueda ver con tu mirada misericordiosa y no con la
mía recelosa.

4º DÍA
Muchas veces nos quedamos en el porqué de la ceguera. Jesús no analizó
las razones, sino que le interesaba la persona, su necesidad de ver.
Los "porqués" son muy complicados y llevan a muy largas discusiones y
razonamientos; mientras, el necesitado está esperando tu respuesta de
amor misericordioso. El está ahí para que se manifieste en él las obras
de Dios a través de ti.
Las desgracias no son un castigo de Dios, sino que son consecuencia de
nuestras limitaciones o de nuestro pecado, que nos hace ver al otro, no
como hermano, sino como rival, o peor aún, como alguien que nos es
indiferente. Dios las permite para que nuestro amor produzca el milagro de
la comunión y la solidaridad. Ante las desgracias, si preguntas dónde
está Dios, él te escucha y te habla, pero si tú no le escuchas no
podrás oírle que te dice: "Estoy sufriendo en esa desgracia y te
tengo a ti, ¿no me echarías una mano?".
Nosotros no somos ajenos a las desgracias de los demás y "algo" podemos
hacer, aunque sólo sea dar un poco de luz. No te quejes de la oscuridad y
enciende una cerilla.
Ante las tinieblas del mundo, uno se ve tan pequeño que nos evadimos
prefiriendo no mirar, cerramos los ojos e imitamos siguiendo la corriente
del ambiente que nos rodea. "¡Hombres de poca fe!" nos reprende el
Señor. "Si te he dado una antorcha, ¿por qué la tienes apagada? Tú
eres la luz del mundo. Enciende la antorcha del amor. El que ama a su
hermano permanece en la luz"

5º DÍA
¡Qué bien nos conoces, Señor, cuando nos dices que los hombres miramos
las apariencias! Danos una mirada misericordiosa para descubrir en el
otro tu huella, y que no me quede en las apariencias.
Hasta el mismo Samuel, hombre de Dios, no estaba libre de esta tendencia.
Por eso es necesaria la oración que nos mantiene en contacto directo con
Dios para que, por medio de su palabra, veamos por sus ojos lo que nuestra
miopía no ve.
La miopía nos permite ver a lo grande, como Eliab, de gran estatura y que
está cerca, pero no puede ver a David, lo que no cuenta, porque es
pequeño y está lejos guardando el rebaño.
¿Puede nuestra ceguera llevarnos a no conocernos como somos? ¿Y si no
nos conocemos, cómo vamos a conocer a los demás?
No quiero mirarme a mí mismo porque no me gusta cómo me veo, pero
¿cómo me ves tú, Señor? No me importa lo que piensen los demás mí,
sino lo que soy para ti, Señor. ¿Qué ves para decirnos a cada uno de
nosotros que somos preciosos a tus ojos? . No cabe duda que nos miras con
ojos de misericordia. Tus palabras son dulces como la miel y ellas borran
toda tristeza, dándonos ánimo para mirar con tus ojos a nuestros
hermanos.
Nadie me verá del todo
ni es nadie como yo.
Somos algo más que vemos,
algo menos que inquirimos (Miguel Hernández).

6º DÍA
A veces nos entra la tentación de cerrar los ojos para no ver lo que
tenemos que ver. Cada día se van apagando "progresivamente" las
luces de los valores del Evangelio, y al no encontrar sustitutos, nos
hemos quedado a oscuras. Hemos sustituido la verdad de Dios por la
mentira del hombre (Rm 1,25). "Pero cuando se manipula la verdad de
Dios, automáticamente sufre sus consecuencias la verdad del hombre;
entonces, como ahora, cuando Dios desaparece de nuestro horizonte, la
verdad del hombre se resquebraja por todas partes y el ser humano comienza
a naufragar y a parecerse demasiado a una bestia incontrolada" (Nota
Biblia Casa de la Biblia).
Hoy más que nunca, los cristianos tenemos que mostrar la luz del
Evangelio allí donde vivimos, Nuestra vida transcurre por cañadas
oscuras, pero tenemos la fuerza de nuestro Pastor que nos dice: "...
levántate entre los muertos y Cristo será tu Luz". Caminemos como
hijos de la Luz que ha vencido a la muerte y al mundo.
El ciego nos da una gran lección de valentía enfrentándose con energía
y arrojo a las "autoridades", diciendo la verdad y defendiendo a
Jesús.
Danos, Señor, esa docilidad del ciego para recibir la luz y extenderla
con valentía allí donde veamos oscuridad, encendiendo luces a nuestro
alrededor.

7º DÍA
El Buen Pastor prepara una mesa ante mí, enfrente de mis adversarios. En
cada Eucaristía el Señor nos invita a su Mesa. Se entrega como alimento,
para que seamos aquello que recibimos: Partícipes del Resucitado que
ilumina al mundo.
El profeta no sólo anuncia la Verdad, sino que también denuncia el mal,
pero desde el amor.
Tu palabra y tu ejemplo me han hecho ver que el hombre no es malo por
naturaleza, puesto que tú lo hiciste y dijiste que estaba bien hecho ,
sino que también lo confirmaste en la cruz .
Sólo desde la mirada misericordiosa de Dios, que mira el interior del
hombre, podemos sacar lo precioso de lo vil que el hombre tiene en su
interior. ¿De dónde salió San Pablo, sino de un perseguidor de los
seguidores de Cristo?
Que el comulgar contigo, Señor, me haga ver a los demás con tus ojos
misericordiosos que aborrecen el mal y el pecado, pero que aman al malvado
y pecador. Cuando te miro en la cruz ¿quién soy yo para juzgar a los
demás?, ¿no soy también un pecador que te ha llevado a la cruz, pero
que ha tenido la suerte de encontrase con tu mirada misericordiosa, como
Pedro cuando te negó? .