6ª ORDINARIO.
Lv, 13,1-2.44-46.
Sal 31,1-11.
1Co 10,31-11,1.
Mc 1,40-45.
"Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio"
1º DIA
La lepra es figura del pecado. El pecado es la lepra del alma (J. Pablo
II). En el Antiguo Testamento el leproso era declarado impuro por el
sacerdote y excluido de la sociedad. La intencionalidad era defender a
la sociedad, pero en nombre de la misma, excluían a la persona.
Jesús, sin dejar de mirar a la sociedad, se interesa prioritariamente
por la persona, sobre todo por el marginado. Para él la persona es algo
sagrado, por eso deja a las noventa y nueve ovejas y va en busca de la
extraviada, se acerca al leproso y lo cura, dice que él no ha venido a
los sanos, sino a los que tienen necesidad de curarse.
Gracias, Señor, porque no excluyes a nadie de tu misericordia, y que
por muy grande que sea nuestro pecado, mayor es tu misericordia; es
más, todavía el pecador tiene hasta la suerte de poder ser tocado por
ti. Con ese toque amoroso, tú derribas la antigua ley de la exclusión
por la nueva ley del
Como Pablo, siguiendo tu ejemplo, Jesús, quisiera olvidarme de mí
mismo, venciendo el miedo al contagio, y teniendo sólo una cosa
presente: que todos los hombres se salven, que todo lo que hagamos,
hasta en los pequeños detalles cotidianos, como el comer y beber, sea
para gloria tuya y comunión con los hermanos.
2º DIA
Quisiera, Señor, colaborar a ese sueño tan hermoso que tienes: "Que
todos sean uno" (Jn 17,21). A ese sueño de un mundo sin exclusiones,
en el que no haya leprosos, esclavos, gentiles. Porque todos los hombres
somos tus hijos, y ¿qué padres excluyen a un hijo? Puede haber alguno,
pero Dios no .
Qué suerte la del leproso, que debido a su marginación, estaba
abierto a tu gracia, Señor. Sin embargo yo, muchas veces, creo que
estoy limpio y no me acerco a ti y me pierdo tu abrazo. Y cuando me
acerco a ti para que me limpies de la lepra del pecado, me voy con la
sensación de que me has "quitado un peso de encima". ¡Qué pena!,
cuando tú me "cargas" con un derroche de gracia, y con el agradable
peso de tu mano amiga sobre mi hombro. Quizás por eso, no salgo, como
el leproso, con la euforia de anunciarte por doquier.
Regálame el experimentar esa pobreza de espíritu que me haga saltar
todos los legalismos, como el leproso se saltó la ley de no acercarse a
las gentes, y tener esa oración tan sencilla, llena de fe y esperanza:
"Si quieres, puedes limpiarme". Y qué hermoso y agradable es poder
oírte: "Quiero,... porque te quiero".
Tu amor te llevó a morir en la cruz como un leproso. Y al tocar la
lepra del pecado, quedaste contagiado y fuiste rechazado y excluido por
los hombres.
Hoy somos llamados a ser "el dedo de Dios", que toque a los
marginados por la sociedad de hoy.
3º DIA
Tocando al leproso, Jesús, derribaste con tu dedo la muralla que
separaba la antigua ley. Derribaste las murallas que los hombres ponemos
entre buenos y malos, entre razas, entre religiones, entre clases
sociales, entre aptos y no aptos... Viniste a romper fronteras y a hacer
un mundo sin barreras.
Tócanos el corazón, Señor, que es donde nos nacen las primeras
barreras. Todos los odios y divisiones nacen primeramente en el corazón
del hombre . ¿De qué sirven las buenas leyes y las buenas políticas,
si los hombres que las tienen que llevar a cabo tienen el corazón
acorazado a tu toque divino?
Nosotros también podemos contribuir, con nuestro toque particular, a
derribar fronteras y muros que separan a los hombres, con un toque
comprometido con los marginados de hoy. Nuestro toque indicando con el
dedo, al igual que el Bautista, diciendo: "Ahí está el Salvador de
mundo" (Jn 1,36), el Cordero que limpia la lepra del pecado, la lepra
que evita que los hombres podamos hacer comunión entre nosotros.
Ayúdanos, Señor, enviando tu Espíritu de comunión, para que,
empezando por la comunión dentro de nuestro corazón, podamos acoger a
los de nuestro hogar, y a todas las personas que tú has puesto en
nuestro camino, y podamos derribar los muros que nos separan y crear
comunión a imagen tuya. Dios Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo;
Dios Familia, Dios Comunidad.
4º DIA
Antiguamente la enfermedad era considerada como un castigo de Dios.
Pero Jesús nos la muestra como una limitación humana, un signo
doliente donde el cristiano tiene la ocasión de ser el buen samaritano.
Jesús al ver al leproso, se compadeció. En él vio Jesús todas las
miserias humanas. Jesús también se saltó la ley como el leproso,
porque ateniéndose a ella tenía que haber expulsado al desgraciado.
Pero puso el amor, la compasión y la misericordia por encima de la ley.
Así es Dios, porque Dios es nuestro Padre, que no deja de compadecerse
de sus hijos.
Son muchas las veces que nosotros también nos compadecemos. Pero... no
tocamos la miseria humana porque obedecemos a formalismos, tanto
exteriores como los que nuestro corazón impone. Siempre encontraremos
razones para no "tocar" la miseria, porque ésta es asquerosa y
repugnante, como el aspecto de un leproso, con sus carnes corroídas y
apestosas por la enfermedad y con sus vestidos andrajosos y malolientes.
¡Cuántas ocasiones nos perdemos de tocar al Señor, cuando a los
ancianos, los enfermos terminales, etc., los alejamos de casa! Jesús es
el primero que se acerca a ellos y los acoge y abraza. ¡Cuánta vida de
Dios nos pueden dar estas personas en su poca vida humana!
Señor, toca nuestros corazones para que nos ilumines y podamos verte
en todos los desheredados.
5º DIA
Jesús actúa con el leproso y con cada uno de nosotros, como ya lo
había anunciado en su discurso programático, cuando inicia su vida
pública . Es una misión liberadora como todas sus acciones. Y no hay
mayor esclavitud que el pecado porque éste nos separa de Dios.
Gracias, Jesús, por la delicadeza con la que nos recibes cuando
andamos necesitados de tu misericordia. Gracias, porque contigo puedo
presentarme tal y como soy. Nada puedo dejar escondido porque tú
limpias todo lo que te exponemos. Queremos sentir esa gran necesidad que
tenía el leproso, que ante esa terrible vida que llevaba de dolores y
deformaciones, con sus carnes carcomidas, no podía permitirse el lujo
de dudar de ti, y clama con fe y esperanza: "Si quieres, puedes
limpiarme".
No sólo nos regeneras y nos haces hombres nuevos, sino que la culpa de
nuestro pecado pasa a ti, y te conviertes, por tu infinito amor, en el
deudor, pagando con tu vida en la cruz . Quiero, Señor, hacer como el
leproso, al que tú le decías que se callase porque no querías que te
siguiera por tu poder, sino por tus palabras y enseñanzas. Y proclamar
a los cuatro vientos tu misericordia.
Jesús hoy nos enseña a escuchar el gemido de los desechados de la
sociedad, a compadecernos con ellos por sus miserias, a acercarnos para
comprenderlos y tocarles para implicarnos totalmente.
6º DIA
Quizás, por buscar a los marginados y "leprosos", me olvido de
aquellos más cercanos con los que convivo diariamente en mis ambientes.
A lo grande se llega por lo pequeño.
Lo importante no son las cosas en sí mismas, sino el espíritu que
ponemos en ellas, buscando agradar a Dios, como nos dice Pablo. Lo
importante de dar un vaso de agua es la oportunidad que tenemos de
agradar a Dios poniendo todo nuestro amor en ello. Como decía Teresa de
Calcuta al cardenal Van Thuan, preocupado éste por no poder hacer
grandes cosas al estar arrestado: "Lo que importa no es el número de
nuestras actividades, sino la intensidad del amor que se pone en cada
acción".
Gracias, Señor, por el regalo de la vida, por la cantidad de
oportunidades que me das para amar a las personas que pones en mi
camino. Enséñame a amarlas, no con mis criterios, sino con los tuyos,
que es lo que más les conviene. Te pido que a través de mí se puedan
encontrar contigo. Que yo pueda decir como Pablo, que soy un imitador
tuyo. Dame ese espíritu de oración y diálogo contigo, para saber en
cada momento cuál es tu voluntad. Contágiame tu amor para poder
imitarte y no temer el contagiarme al acercarme a los marginados de
nuestra sociedad.
7º DIA
Viéndote, Jesús, como Cordero inmaculado en el altar, yo me veo como
el leproso. Pero un leproso afortunado, porque en tu sacrificio
eucarístico quieres que ponga yo mi lepra en la patena, para que tú la
toques y quede limpio.
María, nuestra Madre, fue la siempre inmaculada, la preservada del
pecado y llena del Espíritu. Al contrario que Eva, que fue seducida por
las palabras de la serpiente, María fue seducida por la palabra del
Ángel de Dios. Eva, la desobediente, María, la que hace la voluntad de
Dios . A nosotros, como hijos de Eva, por la gracia de Jesús, nos hace
hijos de María, su propia madre, porque sabe que la necesitamos, porque
no quiere para nosotros menos que lo que él ha tenido .
Queremos, Mamá querida, ponernos a tu lado para aprender de ti a
escuchar la palabra de Dios, guardarla en el corazón y conformar
nuestra vida a ella . ¡Qué hermoso es poderte sentir cerca de
nosotros! Tu presencia nos da sabor y calor de hogar, tu sonrisa nos da
confianza y tu mano nos da protección. Tu amor puro son los latidos del
corazón materno de Dios. Tú sabes bien que tengo muchas debilidades y
las tengo no porque sea humano, sino porque no oro, porque no me
alimento. Quiero escuchar de tus labios todo lo que guardabas y
meditabas en tu corazón. Sé que tus palabras de Madre tienen calor y
fuerza para sacarme de la mediocridad y la tibieza. Gracias, Mamá, por
se la causa de nuestra alegría.