El Pan de Cada Día

Semana de Pasión

Ciclo B


SEMANA DE PASION:
Is 50,4-7.
Sal 21,8-9.17-20.23-24.
Flp 2,6-11.
Mc 14,1-15,47.

Jueves Santo:
Exodo 12,1-8.11-14

Viernes Santo:
Is. 52,13-53,12.
Sal. 30,2 y 6.12-13.15-17.25
Heb. 4,14-16.5,7-9.
Jn 18, 1-19, 42

Sábado Santo:
Mc. 16,1-8

"Esta es mi sangre, sangre de la Alianza, derramada por todos"



Domingo de Ramos

Son momentos densos los vividos por Jesús en este día, al llegar a
Jerusalén, donde es recibido con vítores y palmas.
Pero, ¿qué pasaba por tu cabeza y tu corazón, Jesús, mientras ibas
en el pollino? Te aclaman como a un rey, pero tú bien sabes que el
trono de tu reinado es de tosca madera y está elevado en un monte. Tú
ves ese destino, al que era preciso llegar, como la culminación de tu
"hora" ¿No había otra forma de reinar?
Es preciso que Jesús toque todas las realidades humanas: el abandono,
el desgarro, la traición, el escarnio, la muerte y muerte de cruz y,
todavía más, la experiencia de "pasar por los infiernos". Es
preciso que Dios lo toque todo para que quede todo redimido.
Toca, Señor, mis debilidades, mis sufrimientos, mis miedos, mis
pecados, mis traiciones, mis cobardías de no confesarte ante los
demás. Toca esos momentos de "infierno" en las que no te veo,
porque ese es el ofrecimiento que yo te puedo dar. Te lo ofrezco porque
tu corazón misericordioso me lo pide, como a S. Jerónimo, que lo
único que le pedías eran sus pecados. Tómalos para que en el cielo
haya alegría y pueda mitigar tu sufrimiento. Tu padecimiento mayor es
el sufrimiento de las personas que se cierran a tu amor . Quiero
comulgar contigo, Jesús, y no quedarme en el sentimentalismo y la
admiración de tu dolor, sino en la aceptación de la cruz, como camino
de imitación a ti, que diste la vida por nuestra vida eterna.

Lunes Santo

¿Qué actitud tenemos ante el sufrimiento inevitable? Hay básicamente
tres formas de afrontarlo.
En el Calvario se iban a encontrar tres hombres que experimentaban el
sufrimiento más atroz . Allí había sufrimiento extremo, había
regueros de sangre que confluían en un único charco: el dolor de la
Humanidad. "… hay tres hombres en cruz: uno que da la salvación,
otro que la recibe, un tercero que la desprecia. Para los tres, la pena
es la misma, pero todos mueren por diversa causa" (S. Agustín) .
Un ladrón insultaba a Jesús diciendo: … "¿No eres tú el
Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros". Esta actitud es la
que más se oye en el mundo: "¿Por qué no me quita el dolor?; Si
Dios existe y es tan bueno, ¿dónde está?" Cuando uno se encierra
en sí mismo, sólo ve cruces. Sus actitudes son de ironía y desprecio
hacia otros que superan su misma situación. Este dolor nos hunde. El
desprecio hacia Jesús del ladrón es el mismo que hoy sienten muchos
ateos hacia los creyentes. A este hombre la salvación le pasó por su
lado sin que la descubriera, bien porque buscaba sólo la salvación de
la muerte física, o porque su cólera le impedía ver la salvación
eterna que se le ofrecía.
Regálanos la gracia, Señor, de no mirarnos tanto a nosotros mismos, y
abrirnos al padecimientos de los demás. Auméntame la fe para ver que
la cruz no tiene la última palabra, sino que detrás está la
Resurrección.

Martes Santo

Otra actitud es la del "buen ladrón". La de la persona de fe, que
sale de sí mismo y ve el dolor de los demás, que se da cuenta que no
es el único que sufre, y que los hay que sufren injustamente.
En medio del dolor reconoce que éste tiene un "porqué".
Normalmente no reconocemos el origen de nuestros dolores (el pecado
propio, el del otro, nuestras limitaciones como criaturas, nuestra
naturaleza caída, etc.) y, a veces, se las achacamos a Dios, porque
ignoramos que Dios no castiga, sino que sufre cuando nosotros sufrimos.
¿Qué provocó en este ladrón la oración de petición a Jesús?,
¿Qué veía desde su cruz? Veía una muchedumbre enfurecida que se
burlaba de Jesús y con una gran sed de sangre, no deseaba otra cosa que
verle morir. (El se reconocía malo, pero no tan odiado). Esta apertura
le hizo oír a Jesús que, sin odio ni rencor, hablaba de "perdón"
a sus propios verdugos, y de que no se tomara en cuenta su pecado.
Sólo la actitud de perdón es lo que puede levantar a los hombres más
depravados. El perdón es el revulsivo que hace sacar del hombre lo
mejor que por naturaleza tiene, y le hace entrar en el terreno de la fe,
la esperanza y la caridad.
Este ladrón no se conforma con poco. No le pide que lo libre de la
muerte, ni de la cruz, sino que le pide el cielo. Sabe que la muerte no
tiene la última palabra.
Nosotros también te pedimos, en medio de nuestras cruces, que te
acuerdes de nosotros en tu Reino.

Miércoles Santo

La tercera forma de enfrentar el sufrimiento es la de Jesús, de la
aceptación propia y del ofrecimiento por los demás, con una intención
redentora. Es decir, desde ese sufrimiento llegar a provocar la fe en
los demás, como Jesús llevó al "buen ladrón" a la conversión
por su compasión y misericordia con los que le estaban quitando la
vida.
Esta dimensión redentora del sufrimiento es la que viven tantas
personas que con sus sufrimientos e incluso con su muerte, han
despertado la fe en los demás, y han dado origen a una conversión de
sus vidas, viendo que la cruz no tiene la última palabra. Detrás de la
cruz está la Pascua, está la Resurrección y la Vida.
Has querido, Señor, que tu suerte pase por nosotros, así como
también has querido hacer depender a nuestros hermanos de nuestro amor,
y de nuestros actos
¿Cómo está hoy el Cuerpo de Cristo; el verdadero, el real, el Cristo
viviente y doliente de hoy en tantos hermanos?, ¿Con qué Cristo oro?
Es este Cristo el que nos necesita, nos reclama, nos grita: "¡Tengo
sed!". Ante esta llamada uno no puede volver la mirada y hacerse el
sordo o el desentendido.
Gracias, Señor, por colocarnos en tu costado abierto y así poder
escuchar tus latidos. Gracias por contar con nosotros, tus amigos, para
hacer llegar tu palabra a nuestros hermanos.

Jueves Santo

Estamos en la cuenta atrás de la Pascua. El corazón de Jesús está
sometido a presión por el fuego de su amor y porque nos amó hasta el
extremo.
Quieres mostrarnos cuál es la calidad y medida de tu amor, Jesús.
Mientras nosotros nos lavamos las manos como Pilato, nos cansamos de
amar y tiramos la toalla, tú la recoges para arrodillarte y lavarnos
los pies. El que menos contaba era el que lavaba los pies cansados de
los que llegaban a una casa, como señal de acogida. Entiendo que para
llegar a la Pascua hay que arrodillarse humildemente, y estar abierto a
cualquier necesidad de los demás. Debemos estar dispuestos hasta lavar
los pies de nuestros enemigos.
Pero tú ibas más allá de la solidaridad. No podías marcharte sin
expresar tu mayor deseo: la comunión entre todos nosotros por medio de
tu cuerpo y de tu sangre. Nos regalas el mayor sacramento, el de la
Eucaristía. Quisiste prolongar tu presencia amorosa y transformadora
entre nosotros con este amor de unidad, y de comunión. Gracias, por
poder tocarte, saborearte, hacernos uno contigo, para ser uno con todos
los hombres que se unen a ti. ¡Qué mal lo debes pasar cuando, después
de una Eucaristía, no digo ni esta boca es mía a mis hermanos!
Que la sangre de Cristo, derramada por nosotros, nos lleve la comunión
con nuestros hermanos .

Viernes Santo

"La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros". Ahora la
Palabra se ha hecho sangre y habita entre nosotros y permanece. ¡Qué
dos misterios tan sublimes! Su vida queda sellada con su muerte, y sus
palabras firmadas con su sangre. He aquí sus siete palabras:
"Perdónalos porque no saben lo que hacen", cumpliendo la acción
de rogar por los enemigos . Nosotros decimos: "como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden" ¿Lo hacemos realmente?
"Hoy estarás conmigo en el Paraíso", ofrecimiento que ya había
prometido a los que le confesasen . ¿Nosotros confesamos públicamente
nuestra fe ante los adversarios de Cristo, o tenemos miedo de
declararnos cristianos?
"Mujer, ahí tienes a tu hijo". "Ahí tienes a tu Madre" Es la
"hora" del desprendimiento. ¿La acogemos en nuestro corazón?
"Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Sólo le queda el Padre,
pero ahora siente el máximo vaciamiento. El pecado asumido le hace
sentir la ausencia de Dios, aunque el Padre siguiera estando con él.
Jesús pasó por ello, tocando el fondo de la redención.
"Tengo sed" física, pero también sed de redención, sed de
nuestros pecados para redimirlos. ¿Se los damos?.
"Todo está consumado" Su misión era cumplir la voluntad del Padre
. ¡Qué grande poder decir nosotros lo mismo!: "Mis delicias son
hacer tu voluntad".
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". ¡Qué gozo decir:
"Padre, de ti procedo y a ti vuelvo"!

Sábado Santo

Silencio, pero habla su costado abierto. De él sale sangre y agua. De
la muerte sale la vida. Sangre de la Nueva Alianza y el agua del
Bautismo .
Apenas has muerto, Señor, y ya das vida. Por tu costado abierto nace
la Iglesia, nacemos nosotros que, injertados en tu costado nos das la
savia que nos alimenta. y nos haces crecer como hijos de Dios para poder
dar frutos de vida eterna.
Silencio, pero habla la creación con su temblor . Habla el velo del
templo, que se rasga para sacar al Dios del Antiguo Testamento, basado
en la ley, y entrar en la Nueva Alianza basada en la ley del amor.
Silencio, pero hablan los paganos, por la boca del centurión,
confesando al Hijo de Dios .
Ahora Jesús es bajado de la cruz y está en los brazos de María, que
con su mirada suplicante nos pregunta: ¿Hablarás tú ahora?, ¿no
serías capaz de anunciar este misterio de amor a tantos hijos míos, y
hermanos tuyos, que no conocen que Jesús ha dado la vida por ellos? Si
dices tener a Jesús en el corazón, pero tu boca no lo confiesa, le has
metido en un sepulcro. ¡Resucítale, habla! ¡Cuánta es tu confianza
para darnos tu misma misión, Señor! Auméntanos la fe para no
callar. El mundo necesita ver cristianos resucitados y no metidos en la
tumba del silencio y de la cobardía.