Ciclo B
3ª PASCUA :
Hch 3,13-19.
Sal 4,2-9.
1Jn 2,1-5ª.
Lc 24,35-48.
"Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo".
1º DÍA
Cuando una planta está mustia y a punto de secarse, nos preocupamos
por regarla, abonarla y remover la tierra para oxigenarla. Cuando
nuestra vida se ve amenazada ¿qué cuidados no hacemos? Todo lo
necesario y más. Damos la vida por la vida. ¿Y nuestra vida
espiritual?, ¿no deseamos estar alegres y sentirnos vivos, como
aquellos discípulos después de la experiencia del Resucitado?
Dios no juega al "escondite", porque es el primero que tiene la
iniciativa de encontrarse con nosotros. Necesitamos que, por nuestra
parte, sea un deseo ardiente y una búsqueda sincera. Búscale y ya le
has encontrado, porque su deseo es más fuerte .
Dios se hace presente al que lo busca apasionadamente, aunque no sea
consciente de ello. Saulo perseguía a los cristianos, pero en el fondo
quería ser fiel a Dios; S. Agustín, en su vida desordenada, buscaba la
verdad y la felicidad. Sólo el indiferente y el tibio, difícilmente
encontrará a Dios .
Para buscar algo es necesario sentirse sin ello. Sólo desde una
actitud de pobreza y humildad, seremos capaces de abrir nuestro
corazón. No mires cuánto te falta para encontrarte con Dios, sino
cuánto te sobra. ¿Qué riquezas, autosuficiencia, apegos y otras cosas
nublan mi vista para reconocerle? El que se encuentra con Dios se
convierte en la prolongación de las manos de Jesús.
2º DÍA
La fe cristiana está centrada en la Resurrección . Jesús resucitado
se hizo presente a sus discípulos en momentos sencillos de su vida
ordinaria: cuando iban de viaje, cuando estaban reunidos, en sus labores
de pesca, etc. Y el momento cumbre de esos encuentros fue la
participación en una comida. Así también, Dios sigue manifestándose
hoy a nosotros en cualquier momento. Sólo tenemos que experimentarle a
través de cualquier hermano que nos hable de la Palabra, o al compartir
su pan, al ver sus manos y pies llagados y desgastados, dando la vida
por los demás. Y el momento cumbre de ese encuentro, Dios lo quiere
celebrar también con nosotros en la comida eucarística.
Veo, Señor, que tenías y tienes un gran empeño en demostrarnos que
tú eres el mismo que fuiste crucificado al mostrarnos las llagas, el
siervo doliente del que dicen la Escrituras que tenías que padecer por
nuestros pecados. Veo que quieres que nos quedemos con la resurrección,
pero que tengamos presente la cruz del sufrimiento de mis hermanos.
Quiero ser bálsamo cicatrizante de tus heridas respondiendo a tu
alianza de amor con el hombre y sellada en la cruz. Quiero responderte
con amor y ser testigo de tu resurrección, dando esperanza al mundo.
3º DÍA
"El Salvador es como un árbol plantado en el centro del universo: su
muerte es como la raíz en el seno de la tierra; la resurrección es
como la copa en el cielo; su palabra se extiende en todas direcciones
como las ramas; mientras que su cuerpo es el fruto que se ofrece por
doquier para ser comido" (S. Efrén). Injertados por el Bautismo en
este árbol , nos llamas, Señor, a colaborar para que tu resurrección,
que como el cielo cubre toda la tierra, llegue al corazón de cada
hombre. ¿Cómo puedo yo serte útil y colaborar en dar fruto? Dame la
gracia de ser rama tierna y abierta, para que tu savia pase a través de
mí y tu palabra llegue a la parcela de mi vida, en que tú me has
puesto. Que el frescor de tu sombra calme la sed de tu palabra, y que
los frutos de vida eterna lleguen a sus vidas.
Desde la oración y los sacramentos podemos, nosotros los sarmientos,
estar unidos a la vid para dar vida a los demás. ¡Qué confianza ha
puesto el Señor en nosotros y qué responsabilidad tan alta la nuestra
que nos ha hecho sus sarmientos! Porque, en realidad, los frutos penden
de los sarmientos, aunque la vida nace de la vid . ¡Qué amor tan
paternal, y no paternalista, ha tenido Dios, nuestro Padre, para hacerse
necesitado de nosotros, sus hijos, en su obra redentora!
¿Nos damos verdaderamente cuenta de que Dios nos necesita, y lo que
dejemos de hacer, así quedará?
4º DÍA
Los encuentros de Jesús con los suyos terminaban en una comida , como
el sello de oro del encuentro y como una celebración con fuerte sabor a
Eucaristía.
Los grandes acontecimientos los solemos celebrar con una comida, pero
ésta no sustituye a lo que representa, aunque muchas veces parezca lo
contrario. Así como suele ocurrir en Navidad, en una primera comunión
o boda, donde la celebración se convierte en lo principal, y el
acontecimiento queda en segundo plano. El Señor también quiere
celebrar el encuentro con nosotros, pero la comida es en sí misma un
encuentro no sólo simbólico, sino un encuentro real en el que nosotros
mismos participamos de la misma pasión, muerte y resurrección de él .
¡Qué infinito amor el tuyo, Señor, que has querido permanecer
siempre unido a nosotros a través de este misterio pascual! Porque tu
pasión, muerte y resurrección no fue un hecho pasado, sino que sigue
siendo presente y tú nos haces partícipes de él. "El sacrificio de
Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único
sacrificio" (NC 1367).
¡Qué pena pasar muchas veces por este momento cumbre de la vida
cristiana de forma rutinaria y a veces desapercibida! Derramando el
Señor todo su amor, y yo sin enterarme; entregándose totalmente a mí,
y yo distraído con mis cosas; derramando todas sus gracias, y yo con el
paraguas de la indiferencia desplegado .
5º DIA
Muchas veces, Señor, te pido que me des pistas o signos para
reconocerte, pero no te veo. Quizás tenga miopía en los ojos de la fe,
y tenga necesidad del colirio de tu perdón para purificarme de mis
pecados, que enturbian mi vista.
Un signo es la comunidad. Ya dijo que cuando dos o más se reúnan en
su nombre allí en medio está él. Así se mostró ante los discípulos
y así sigue haciéndose presente, cuando nos reunimos en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Nos hiciste para la comunión con los demás hombres y para ser
comunidad a tu imagen y semejanza (cf. Gn 1,27). Por eso, con tu
presencia Trinitaria en medio de nuestras reuniones, celebraciones y
liturgias, nos saludas con tu paz, nos aclaras nuestras dudas y nos
invitas a ser Iglesia, uniéndonos todos con el vínculo del amor.
¿Qué signos y actitudes tengo con los demás para dar respuesta a
este deseo de la Trinidad?
Dios es comunión, es Trinidad, es Comunidad, es Familia. Cualquier
encuentro con el Resucitado es un encuentro con las tres Divinas
Personas. Ciertamente tendremos que tener momentos de soledad para
dialogar con Dios. Pero nuestro corazón no tiene que ser solitario ,
sino comunitario, para estar ocupado de nombres, de personas, que son
la ayuda adecuada que Dios nos regala para crear comunión. El
"otro" es una oportunidad. ¿Qué parte de mi corazón ocupan los
demás?
6º DÍA
Un signo muy importante que Jesús ofrecía era mostrar sus manos y
pies heridos. A pesar del mundo descristianizado en que vivimos, podemos
reconocer a Jesús en muchas personas que gastan y desgastan sus manos y
sus pies por llevar el Evangelio, la paz y la alegría a multitud de
hermanos.
Quiero que mis manos estén siempre abiertas como las tuyas, Jesús.
Manos de buen samaritano, para acoger al herido al margen del camino de
la vida. Quiero ser tus manos tendidas, que defiendan a los demás en
los momentos de peligro, de miedo o de duda . Tus manos acariciaban al
débil y expulsaban demonios o traficantes; manos humildes que lavaban
los pies, generosas que multiplicaban los panes. Utiliza mis manos para
que no se queden vacías. No quiero ofrecerte manos vacías o manos
cerradas. Y aún menos, herirte con ellas .
Quiero que mis pies sigan tus huellas para gastarlos y desgastarlos en
busca de la oveja perdida. Pies de alegre mensajero que recorran los
caminos predicando la Buena Nueva. Pies ligeros que acudan a la llamada
del necesitado. Pies agradecidos que se dejen lavar y besar. Pies que
corran al encuentro del hijo pródigo. Quiero también mostrarte mis
manos y pies marcados por las heridas del amor.
Saquemos nuestras manos de los bolsillos y pongámonos a andar juntos
con Jesús por sus sendas y caminos de la Vida y del Amor.
7º DÍA
Otro signo es la palabra. El Señor lo primero que quiere es abrir
nuestras mentes para que comprendamos su palabra. El diálogo con Dios
es eficaz y su palabra tiene fuerza vital . En la palabra de Dios va su
propio corazón, va su vida, va su amor. En el diálogo con Dios,
nuestro corazón se va calentando y se convierte en una fragua, en la
que como la chatarra, va dejando toda la escoria del egoísmo, orgullo,
soberbia, etc., y se va transformando en una brasa que se moldea en
aquello que el Artista quiere: hacer de lo humano, divino; y del hijo
pecador de Adán, un hijo de Dios y hermano de todos los hombres (J.
Bonet).
El diálogo con Dios es el cordón umbilical por el que recibimos el
amor vital de Dios. Por la Palabra, Jesús combatía las tentaciones. En
el diálogo con el Padre, buscaba su voluntad como alimento de su vida.
Con la oración, como en Getsemaní, recibía la fuerza necesaria para
dar la vida por nosotros.
Señor, que tu palabra no me falte, dame ese espíritu de oración
porque son muchas las tentaciones que me acechan. Son muchas las dudas
que tengo cuando quiero hacer tu voluntad, pero en realidad es la mía
la que estoy haciendo. Son muchas las veces que no tengo fuerza para
hacer lo que tú quieres y no soy capaz de pedirte ayuda sinceramente .
"Señor, pídeme lo que quieras, pero dame lo que me pides" (San
Agustín).