El Pan de Cada Día

Semana del 6 al 12 de abril

Ciclo B


2ª PASCUA:

Hch 4,32-35.
Sal 117,2-4.16-18.22-24.
1Jn 5,1-6.
Jn 20,19-31



"Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia"



1º Día. La Divina Misericordia

"Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia".
La misericordia es la primera manifestación del amor de Dios; a esta
virtud pertenece el perdón.
El perdón es flor de Pascua y fruto del Espíritu Santo. Es el fruto
del árbol de la Vida. Es tu vida, Señor, que nos das con tu aliento en
ese "boca a boca" que nos hace renacer. ¡Cuánto necesitamos tu
aliento para crear una cultura del perdón!
Una de las cosas que más nos cuesta, y nos faltan fuerzas para ello,
es el perdonar. Porque soy el que tiene razón, o mis razones. La
humildad es un valor desprestigiado, mientras el orgullo es nuestra
bandera siempre desplegada: "No te dejes pisar", "me siento
orgulloso de…"
Con tu aliento, Señor, infundiste tu Espíritu a los apóstoles
dándoles poder para perdonar. Yo necesito también ese Espíritu para
experimentar en mi vida tu perdón, porque desde esa experiencia tendré
la fuerza para perdonar a los demás. Si me perdonas diez mil talentos,
¿cómo no voy a perdonar cien? No podría levantar la cabeza ni rezar
el Padrenuestro.
Necesitamos aceptarnos tal como somos, porque si no nos aceptamos,
menos aceptaremos a los demás; empezando por aquellos con los que
convivimos, porque son con los que más roces tenemos. La mejor forma
para tratar estos roces, y no vayan a más, es aplicando el bálsamo
diario del perdón .

2º DÍA

La Resurrección es la verdad más importante para el cristiano y la
que condiciona nuestra vida presente. Pero solamente se ve por la fe,
que es ésta una adhesión personal del hombre a Dios, lo cual implica
la vida.
Muchos de nosotros queremos ver y palpar, como Tomás, para poder
creer. Solamente estamos inclinados a fiarnos de lo que vemos, pero no
nos adherimos incondicionalmente a Dios y le pedimos pruebas. Así nos
perdemos la dicha de creer sin haber visto. La Resurrección supera
cualquier inteligencia.
Señor, tú nos sobrepasas, como a Tomás y a todos sus compañeros.
Danos el don de la fe para poderte ver, porque no hay otra cosa que
quiera más que el ser dichoso. Así venceré los miedos, como los
discípulos encerrados en casa, y mi corazón se llenará de alegría.
Así podré dejar actuar a tu Espíritu que me diste en el Bautismo.
Así podré experimentar el rescate a una vida nueva pagada nada menos
que con tu sangre. Sólo así podremos tener la paz que tú quieres
transmitirnos a todos. Y sólo así yo me podré sentir enviado porque
nacerá de mi interior como una necesidad de anunciar que no podré
acallar . Así lograré hacer fraternidad, poniendo mi vida al servicio
de los demás.

3º DÍA

¿Qué nos pasa cuando no experimentamos a Cristo resucitado? ¿Qué
les pasaba a sus discípulos, a pesar de que habían convivido con
Jesús? Les faltaba la paz. Vivimos en las sombras de la noche, y
sentimos miedo de todo. Desconfiamos hasta de los más cercanos, como
los discípulos sentían miedo, no de los romanos, sino de los judíos.
Cerramos las puertas de nuestro corazón porque al otro lo vemos como
contrincante, y cuando nos pide algo, calculamos cuándo me lo va a
devolver. Y esto no nos da paz.
Sólo tú, Señor, eres el que nos puedes iluminar nuestros ojos y
abrir nuestro corazón. ¡Y qué bien sabes lo que nos pasa, porque
siempre nos saludas con la paz! Tu gran deseo es que disfrutemos de tu
paz, no de nuestra paz, que suele ser la paz de cementerio, de no
meterse nadie con nadie y de cerrar las puertas de nuestras casas. Qué
alegría recibir tu soplo vital, que vuelve a encender la hoguera medio
apagada de nuestro corazón. Éramos como velas medio apagadas. Pero tu
presencia aviva y enciende la mecha de nuestra fe, nos fundamenta
nuestra esperanza en la resurrección y nos envía a la misión de amar
a todos los hombres. Porque quieres hacer visible tu gran deseo de que
todos seamos uno .
Que el signo de la octava y las siete semanas de Pascua sea vivir en
"plenitud". ¿Por qué no va a ser toda nuestra vida un vivir la
Pascua del Resucitado, y crear comunidad entre todos los hombres? La
Pascua no tiene fin, es eterna.

4º DÍA

El misterio pascual es fruto de la misericordia de Dios. Él, que es
pura misericordia infinita, ha pasado por todo lo habido y por haber,
para que vivamos nosotros la Pascua perenne: La alegría de estar
resucitados con Cristo.
El misterio pascual es tan grande que Dios no quiere que sea un momento
o un tiempo al año. Este misterio no ha pasado, está presente para
Dios, y la Eucaristía es el momento en el que nosotros podemos
participar en esa gran Fiesta. Vivir la Eucaristía es participar de ese
"mismo" momento en el que los apóstoles se vieron inundados por la
presencia de Cristo, de su paz y de su soplo vital. ¿Qué nos pasa que
queremos palparle como Tomás? Dichosos los que crean sin haber visto.
Gracias, Señor, por tu misericordia, ya que no haces menos por mí que
lo que hiciste por aquellos discípulos. Auméntame la fe para poder
vivir a tope esa presencia real tuya en la Eucaristía , para vivir el
gozo de tu presencia y de experimentar tu amor en la entrega de tu
cuerpo y sangre derramada por mí. Tú eres la piedra desechada por
aquellos que no tienen fe, pero para mí eres el cimiento, en el que
puedo hacer frente a las tormentas constantes de la vida. No quiero
construir mi vida con otro cimiento que no seas tú: Cimiento que
resiste todos los embates de los poderes del mundo que amenazan con
derribarnos.

5º DÍA

El mundo nos influye constantemente con sus valores, sus formas
pensar y de vivir, pero nosotros tenemos al que ha vencido al mundo y,
unidos a él estamos seguros de la victoria. El amor es la mayor fuerza
de que dispone el hombre, "es la única fuerza capaz de transformar un
enemigo en amigo" (M. Luther King).
Bautizados con el agua nos injertamos en Cristo, viviendo para los
demás, como vivió Cristo. Es más, llevados por el Espíritu de
Cristo, podemos decir, como Pablo: "Es Cristo el que vive en mí"
(cf. Ga 2,20).
Desde nuestra libertad podemos caer en la tentación del mundo. Pero
ahí está el valor infinito de la sangre de Cristo que lava todo
pecado. El Padre no puede dejar sin la ayuda necesaria a todos los hijos
injertados en Cristo. ¿Hay algún padre que no dé su sangre para
salvar a sus hijos? Puede que los haya, pero Dios no.
Gracias, Papá, porque nada podemos pedirte que tú ya nos lo estés
ofreciendo. ¿Qué te podemos pedir, si tú sabes mejor que nosotros lo
que nos conviene? Una sola cosa: aumenta nuestra fe para que nuestro
corazón se abra con toda confianza hacia ti y podamos hacer tu
voluntad.
El Espíritu de Jesús actúa sobre aquellos que se abren a él, como
aquellas primeras comunidades . Es la plasmación del gran deseo de
Jesús, manifestado en esa hermosa y profunda oración al Padre . Todo
el que se deje llevar por el Espíritu será llevado a la comunión .

6º DÍA

Ahora voy entendiendo más que el ser "imagen y semejanza tuya" ,
brota desde la comunión con los demás. Tú, querida Familia
Trinitaria, eres el modelo de comunión (común unión) para la
Humanidad: diferentes personas y un sólo Dios. Te doy gracias por cada
persona que pones en mi vida, porque es una oportunidad de hacer
comunión con ella. Y te pido perdón por las veces que les he dado la
espalda perdiendo esa oportunidad.
Nos hiciste para convivir con los demás, poniendo a disposición de
todos aquellos bienes y talentos que nos has regalado. Gracias, por
indicarme que el camino hacia ti pasa por el hermano, y no hay ningún
atajo que lo pueda suplir "Fue voluntad, de Dios el santificar y
salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con
otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le
sirviera santamente" (LG 9).
Perdona, Señor, mi egoísmo porque muchas veces estoy pensando en mi
propia salvación en lugar de la que conforma tu cuerpo místico. "El
hombre sólo se salva a partir del momento en que se convierte en
salvador" (Abbé Pierre).
¿Me importan mis hermanos?, ¿cómo es mi relación con los demás?,
¿me acerco para pedir perdón y para hacer comunión con ellos?.... Si
esto es para mí una obligación, y no es algo que nace de mi interior
como una fuerza imperiosa, es que Jesús no ha resucitado plenamente, y
todavía hay parte de su cuerpo que no ha resucitado, que soy yo.

7º DÍA

"Dichosos los que sin ver creen". ¿Qué diríamos de un matrimonio
en el que no se fían el uno del otro y tengan que demostrarse
mutuamente su fidelidad, o de un hijo cuyo padre tenga que demostrar su
paternidad?
A muchos de nosotros nos pasa como a Tomás: "Si no veo…, no
creo". La fe no es creer porque vemos, sino creer porque nos fiamos de
la persona de Jesús de Nazaret, que es Dios misericordioso y nos puede
curar de la ceguera de nuestra incredulidad. La fe es don de Dios y
tarea nuestra para alimentarla. "La fe se fortalece dándola" (Juan
Pablo II).
Sólo cree el hombre cuando levanta su mente y su corazón por encima
de sus límites y medidas. Creer supone tratar, entrar en relación,
salir de sí y descubrir al Dios sorprendente, el Dios de los
imposibles. Entonces resulta fácil creerle .
La experiencia de Jesús Resucitado hace nacer de las mismas entrañas
de la persona, como una fuerza interior, la necesidad vital de darla a
todos los demás y, en especial, a los seres más cercanos, como Pablo
lo hizo . No te guardes tu experiencia de Dios, aunque sea pequeña,
porque es patrimonio de la Humanidad; puede ser un pequeño aliento para
el otro al que le falta oxígeno. No dar nuestra experiencia de vida es
privar de vida a otros, y el derecho a la vida es un derecho de todos.
Todo hombre tiene derecho a la vida, todo hombre tiene derecho a Cristo.
Da la vida, no te la guardes.