El Pan de Cada Día

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Ciclo B


EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO:

Éx. 24,3-8.
Sal. 115,12-13. 15-18.
Heb. 91,11-15.
Mc. 14,12-16. 22-26.


"Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos".



1º DÍA

Dios ha hecho el corazón del hombre para que le busque. El hombre ha
querido tener a Dios de su parte y ha hecho cualquier sacrificio para
ello, como Moisés que selló con sangre de animales la alianza con el
Dios "Todopoderoso" que, con "mano fuerte", les había liberado
de los egipcios.
¡Qué lejos estaban de conocer la Alianza que tú querías tener con
nosotros, Señor! Tú no querías sacerdotes intermediarios para hacer
la Alianza, sino que tú mismo eres el que te comprometes a liberarnos
de todas las esclavitudes, especialmente de la del poder del pecado.
Valemos tanto para ti que no hay ninguna sangre que podamos ofrecerte.
Y es por tu extremado amor por lo que ofreces tu preciosa sangre.
Desde luego, Jesús, la última cena fue un ejemplo de creatividad
propia de un corazón amante, que no acepta la separación. ¡Vaya
ingenio! Diste la vida, pero te quedaste . El amor no acepta la
separación y, ahora con la Eucaristía, te tenemos presente de forma
real: tu cuerpo y tu sangre. ¡Cuántas gracias tenemos que darte por
tanto don! Ni dando la vida pagamos una gota de tu sangre derramada por
nosotros.
Dios no nos pide que le paguemos, sino que le dejemos ser Eucaristía
por medio de nuestras vidas para aquellos que, sin saberlo, le están
buscando, e inútilmente están "sacrificando" sus vidas.

2º DÍA

Moisés ofrecía sacrificios a Dios, pero nuestro Dios lo que quiere es
el sacrificio de nuestra voluntad , el sacrificio de nuestro egoísmo,
verdadero sacrificio del corazón . "Dios no quiere nuestra sangre,
sino el amor que lleva cada uno de sus glóbulos".
Tú, Señor, eres el Dios Vida-Amor, por lo que no quieres nuestra
muerte, ni siquiera nuestros sacrificios, sino que seamos capaces de dar
la vida por amor. Un amor capaz de entregarse del todo.
Viniste, Señor, a hacer una alianza esponsal con tu pueblo, unas
bodas de sangre que sellaste en la cruz. Me es duro entender tu
sacrificio como una expiación por nuestros pecados, porque tú no
quieres sacrificios. Sólo te puedo entender desde la perspectiva del
amor. Tu amor entregado a la muerte repara, con creces, toda la falta de
amor de todos los hombres.
Nuestro pecado había dejado un abismo que nos separaba de Dios, y
sólo Dios podía compensar y salvar ese abismo. ¿Qué méritos tiene
el hombre para redimir? Ninguno. Sólo la infinita misericordia de Dios
que, por su amor apasionado por el hombre, es capaz de dar hasta la
última gota de su sangre.
Quiero acercarme a tu corazón ardiente, y apasionado, Señor, para
hacerme partícipe de tus méritos y recibir esa transfusión de sangre
que me vivifique, y me haga capaz de transformar mi pobre amor humano en
tu ardiente amor divino.

3º DÍA

Dios quiere celebrar esta hermosa y misteriosa Alianza con nosotros.
¡Y qué mejor que con una Cena Pascual! En ella él es el alimento por
excelencia: el pan vivo; y así como el pan es el alimento básico de
la vida, su cuerpo es el alimento esencial y básico para la vida eterna
.
Quieres introducirte, Cristo Resucitado, en nosotros de la manera más
íntima. Como los papás, ante la contemplación y el embelesamiento de
su hijo querido, que exclaman: "Me lo comería", "dan ganas de
comértelo", así te ofreces a nosotros, para que no nos quedemos con
las ganas.
El Señor se ofrece para "masticarle" (sentido de la expresión
original), introducirle en nuestras vidas y transformarnos en aquello de
lo que nos alimentamos, superando todos los condicionantes de esta vida
humana presente. Es capaz de transformarla y darle su verdadero sentido,
a la vez que nos promete la resurrección futura: "El que come mi
carne y bebe mi sangre tiene (presente) vida eterna, y yo le resucitaré
(futuro) el último día" (Jn 6,54). Quiero brindar con la copa de mi
corazón, llena de amor y deseo por ti, por una pronta llegada del
Reino .
"Podéis ir en paz" equivale a decir: id a sembrar semillas de paz,
de comunión y caridad, para que Dios pueda recoger frutos de vida
eterna.

4º DÍA

A diferencia de otros sacramentos, que nos dan gracias y ayudas para
aquello que están instituidos, en el sacramento de la Eucaristía se
nos da el mismísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, con todo lo que
significa como fuente de toda gracia. "Sagrado banquete, en que Cristo
es nuestra comida; se celebra el memorial de su Pasión; el alma se
llena de gracia; y se nos da la prenda de la gloria futura". (Una
antífona del Corpus Christi).
Señor, me anonada el poder tocarte con mis manos y con mi boca. Me
anonada el participar de la mismísima entrega tuya de hace veinte
siglos. Toda la síntesis de tu vida en tu Muerte y Resurrección sigue
siendo presente, sigue siendo actual (no un mero recuerdo). Y yo soy uno
de los que te escuchan cada día cuando dices esas palabras con eco
eterno: "Tomad, esto es mi cuerpo....". ¡Qué pena vivirlo
inconscientemente! ¿Será posible que mientras tú ofreces tu vida, yo
no te ofrezca ni tan siquiera mi atención? Si no fuera por tu infinita
misericordia, mi desprecio no sería perdonable . "No hay mayor
desprecio que el no hacer aprecio". ¡Y qué desprecio es el mío! A
poco que me dejase tocar por ti, tendría que salir afectado de tu
infinito amor, purificado, transfigurado por tu presencia, e impulsado
por tu espíritu, estar dispuesto a hacer tu voluntad: la ofrenda de mi
vida. Y que la unión contigo en la Eucaristía me lleve a la
comunión con mis hermanos.

5º DÍA

Decir Sacramento de Comunión es decir Sacramento de la unidad. Así se
expresa en L.G. 3: "En el Sacramento del Pan Eucarístico, se
representa y se reproduce la unidad de los fieles, que constituyen un
solo Cuerpo en Cristo. Todos los hombres y mujeres son llamados a esta
unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos
y hacia quien caminamos". ¿Cómo va mi unión con Cristo? "Yo estoy
tan cerca de Jesús como lo estoy del hermano más separado" (Teresa
de Jesús). La Eucaristía me lleva al hermano . ¿Partimos y
compartimos nuestro pan? ¿Nos entregamos hasta dar la sangre?
¿Nuestro amor crea comunidad?
Tú bien sabes, Señor, de nuestras dificultades para asumir a nuestros
hermanos. Necesitamos tu pan vivo como alimento vital, porque hay muchos
momentos en que el cansancio nos invade, la debilidad hace flaquear, de
modo especial cuando el sufrimiento llama a nuestra puerta. Necesitamos
tu fuerza vital . "En el Sacramento de la Eucaristía el Salvador,
encarnado en el seno de María, continúa ofreciéndose a la Humanidad
como fuente de vida" (Juan Pablo II, Tert. Mill. Adv. 55).
Es ahí donde la fuerza vital de la Eucaristía se nos hace viático
para el camino. La Eucaristía es la fuerza de los débiles, el consuelo
de los afligidos, el bálsamo que sana las heridas.

6º DÍA

Si la Iglesia no se concibe sin la presencia de Cristo, Cristo no se
concibe sin la presencia de cada uno de nosotros, sus miembros. Por eso
en la Eucaristía recibimos su misma sangre, su misma vida que nos
lleva a ser su presencia viva en el mundo.
"Id y haced discípulos". Como el amor de Dios no es paternalista,
sino que nos hace responsables, por la Eucaristía nos vemos impulsados
a comprometernos con Cristo en su misma misión (Misa = misión),
misión evangelizadora desde nuestra vida cotidiana y nuestros
ambientes.
Empiezas tú, Señor, la celebración de la Cena Pascual con un gran
deseo , pero ésta no termina. En ella tú nos conviertes en sagrarios
ambulantes de tu presencia viva. ¿Somos conscientes de la trascendencia
que tiene el que los demás podrán conocer a Cristo por lo que los
cristianos digamos o hagamos?
Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa (Mt 22,89). No llamas
a ser evangelios vivientes, que busquen y salgan al encuentro de los
invitados para el Banquete del Reino. Pero te ofrezco mi cuerpo y mi
pobre humanidad para salir a llamar a mis hermanos para que también
ellos puedan disfrutar de las delicias y bienaventuranzas de tu
Banquete, y puedan exclamar: "¡Que dicha el haber sido invitado a
tocar el cielo, cuando deambulaba perdido por el camino! Gracias
hermano, porque tú me has dado la mano y me has salvado la vida".
¬
7º DÍA

Eucaristía es donación, es caridad. Celebramos "el Día de la
Caridad", pero la caridad no tiene días porque pobreza hay siempre,
como dijo Jesús poco antes de instituir la Eucaristía.
La pobreza no se elimina con las riquezas, sino con una actitud
eucarística de donación, de acercamiento. No desde el poder, sino
desde el amor. El reto para el rico es "acercarse" verdaderamente al
pobre, porque pronto él se hará pobre . El "alejamiento" del rico
produce la pobreza. "Me preocupa más la pobreza espiritual de
Occidente que la pobreza material de Oriente". (Teresa de Calcuta).
Ciertamente la primera es el origen de la segunda.
El mal está en el corazón del hombre. Nada exterior contamina al
hombre. La contaminación está en el interior del hombre . "El
corazón que no se despierta ante la miseria es realmente un
miserable". (Follereau).
Dame comulgar contigo y con tus intenciones, Señor, para que al
alimentarme de tu cuerpo y de tu sangre en cada Eucaristía salga
cristificado. Quisiera entrar en el horno de tu corazón ardiente de
amor por los desheredados, con los que te identificas , y poder decir
también yo: "Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros".